Cómo el primer ensayo clínico de la historia provocó el nacimiento de la mafia siciliana

By 02/04/2021 Portal

Durante siglos la dieta de los marineros carecía casi por completo de vitaminas, lo cual unido a la humedad, la falta de sueño y las largas travesía hacía que las enfermedades fuesen consideradas como el más terrible de los enemigos a bordo.

Una de las dolencias que más vidas se cobraba era la enfermedad de los marineros, también conocida como la peste del mar, provocada por el déficit de vitamina C. Aparecía a partir de dos meses de navegación, provocaba un debilitamiento progresivo, sangrado de encías, hematomas, úlceras, hemorragias más o menos graves y, finalmente, el fallecimiento del enfermo.

El primer ensayo de la historia
El 20 de mayo de 1747 el médico escoces James Lind (1716-1794), a bordo del Salisbury, y con doce enfermos con esta avitaminosis a bordo decidió realizar el primer ensayo clínico. El galeno nos cuenta que «…todos tenían las encías podridas, manchas en la piel, lasitud y debilidad de las rodillas…».

Su experimento consistió en añadir ciertos suplementos dietéticos a su maltrecha alimentación. Dos de los enfermos recibieron diariamente un cuarto de galón de sidra tres veces al día, otra pareja dos cucharadas de vinagre tres veces al día, dos de los más graves media pinta de agua de mar, otros dos recibieron un limón y dos naranjas por día, dos más 25 gotas de elixir de vitriolo tres veces al día y los dos enfermos restantes semilla de nuez moscada tres veces al día, junto con una mezcla de ajo, bálsamo de Perú, resina de mirra y semilla de mostaza.

Al cabo de seis días los únicos enfermos que visiblemente habían mejorado eran a los que les había tocado en suerte los cítricos, hasta el punto de estar en condiciones de reincorporarse a las tareas propias de la navegación.

Seis años después Lind publicó un libro titulado ‘Tratado sobre la naturaleza, las causas y la curación del escorbuto’ en donde subrayaba que el experimento era la prueba irrefutable de la eficacia de los cítricos en el tratamiento de la enfermedad de los marineros.

La mafia siciliana
A partir de 1795 la Royal Navy hizo llenar las bodegas de sus navíos con cítricos. Según las estadísticas de la marina inglesa la mortalidad pasó del 83% entre los años 1776-1780 al 33.3% en el bienio 1810-1812.

Esta iniciativa, que fue copiada por la mayor parte de las marinas del mundo, provocó un fuerte impacto en la demanda de cítricos, en especial en la de los limones (Citrus limon), una fruta que tiene una elevada cantidad de vitamina C.

El limón tiene su origen en Asia, probablemente en la India, y fue introducida en la cuenca Mediterránea por los árabes, alrededor de mil años atrás. Sicilia fue uno de los lugares en donde mejor arraigó su cultivo, hasta el punto que en el siglo XV la bahía de Palermo era conocida como la ‘cuenca de oro’, por el destello que producían los rayos del sol sobre los centenares de árboles frutales que allí había.

De la noche a la mañana los limonares sicilianos se convirtieron en uno de los sectores agrícolas más rentables de todo el viejo continente. Para que nos hagamos una idea del pujante comercio que se creó, en 1834 se exportaba 400.000 cajas de limones desde esta isla italiana, una cifra que se elevó en cincuenta años a 2.500.000.

Las altas ganancias sumadas a un estado débil, una pobreza generalizada y un bajo nivel de confianza interpersonal propició la aparición de un nuevo actor, un intermediario entre productores y exportadores capaz de proteger la explotación del acoso de la delincuencia. Este mediador no era otro que la mafia.

Los primeros mafiosos eran los capataces y los guardias de las fincas, a los cuales se sumaron pequeños comerciantes y algunos terratenientes. En el siglo XIX Palermo se constituyó en el principal abastecedor de cítricos de Estados Unidos, abriendo un canal de comunicación que daría mucho que hablar.

Pedro Gargantilla es médico internista del Hospital de El Escorial (Madrid) y autor de varios libros de divulgación.