El árbol del que se saca el tono «negro ala de cuervo»

By 31/07/2020 Portal

La verdad es que cuando pensamos en arte nos quedamos atrapados en las redes de la pintura, de la escultura y la arquitectura, y pocas veces pensamos en la moda. Un buen ejercicio de atención pictórica consistiría en comparar la vestimenta de los monarcas a lo largo de diferentes periodos históricos.

Seguramente si hiciéramos una encuesta entre la población francesa por el origen del negro como símbolo de elegancia nos remitirían a Coco Chanel, sin embargo, fuimos los españoles los primeros que identificamos al negro como sinónimo de distinción.

Algo más que la leyenda negra
Si hay un término que resuma el reinado de Felipe II ese es austeridad. La rigidez en todas las facetas de la vida, y es que el espíritu de la Contrarreforma y la mentalidad católica presidían todos los actos de la enmarañada burocracia española.

La vestimenta debía estar acorde al momento y simbolizar el decoro, la humildad y la honestidad, por eso no es de extrañar que el segundo de nuestros Felipes optará por el color negro.

Si a esto sumamos su compleja personalidad y su patobiografía no es extraño que caigamos en el error de asociar el color negro con la melancolía, el oscurantismo y la sobriedad propia de ese momento. Sin embargo, las razones fueron otras, fueron económicas.

Hay que tener presente que la fabricación de textiles se popularizó con la revolución industrial decimonónica y que hasta ese siglo los vestidos eran considerados un bien de lujo. Si echamos la vista más atrás y retrocedemos a los siglos previos al descubrimiento de América, la vestimenta negra simbolizaba la opulencia, debido a que era muy complicado mantener los tejidos de dicho color de una forma duradera.

Cuando los conquistadores españoles llegaron a América descubrieron el palo de campeche, un árbol desconocido en el Viejo Continente hasta ese momento, del cual era posible conseguir un color negro intenso que se fijaba de forma perdurable a la ropa. En aquellos momentos a esta tonalidad se la conocía como “negro ala de cuervo”.

El palo de campeche también llegó al laboratorio
Este árbol espinoso, cuyo nombre científico es Haematoxylon campechianum, pertenece a la familia de las leguminosas y es muy abundante en la península del Yucatán, en especial en el estado de Campeche, de donde adopta su nombre.

Felipe II decidió adoptar el “negro ala de cuervo” para la corte y, con ello, marcó la moda del momento. Y es que la elegancia del negro realzaba la belleza de los cuellos de lechuguilla o gorguera, así como la golilla y los encajes de bolillos.

La forma de vestir de los monarcas españoles contrastaba, por ejemplo, con la fastuosidad y exuberancia de la vestimenta de la corte inglesa. Si buceamos por unos instantes en la iconografía pictórica del momento descubriremos que Enrique VIII gustaba vestirse con vivos colores, muy alejados de la paleta cromática de la corte española.

El negro se mantuvo como estandarte monárquico durante toda la dinastía de los Austria, sin embargo, con la llegada de los Borbones agonizó; si bien es cierto que Felipe V lo mantuvo durante los primeros años de su reinado con la intención de ganarse el favor del pueblo español.

En el siglo XIX el negro volvió a entrar en escena, en este caso de la mano de los tintes artificiales, fue el color que, por ejemplo, adoptaron los poderosos hombres de negocios.

Desde entonces no ha salido de nuestras vidas y su maridaje con el blanco es símbolo de glamour, por eso no nos sorprende que encontremos esta asociación en los vestidos de la alfombra roja o en el esmoquin. Por cierto, este traje masculino deriva del término inglés smoking jacket –chaqueta para fumar- que era una prenda que se colocaba sobre el traje común para evitar que el olor del tabaco impregnase el tejido.

Regresando al árbol del campeche, sigue de plena actualidad en los laboratorios de todo el mundo ya que de su madera se extrae un colorante llamado hematoxilina –del griego haima, sangre, y xylon, madera- que se usa para teñir estructuras biológicas ácidas (basófilas) en tonos azulados y púrpura.

M. Jara

Pedro Gargantilla es médico internista del Hospital de El Escorial (Madrid) y autor de varios libros de divulgación.