¿Un colgante en forma de pene de 42.000 años de antigüedad?

By 19/06/2023 Portal

El pene humano ha sido representado tantas veces en la historia que se puede hablar sin miedo de la existencia de un ‘arte fálico’. Monumentos, edificios, adornos, pinturas, estatuas, grafitis… incluso los modernos rascacielos son, según muchos antropólogos, símbolos que evocan al órgano sexual masculino. Por no mencionar que basta fijarse en los garabatos de vestuario de cualquier escuela del mundo para comprobar que la predilección humana por las imágenes fálicas sigue estando en plena forma. Romanos y griegos celebraban festivales fálicos, y construían santuarios con enormes penes erectos para honrar a deidades como Hermes, el mensajero de los dioses, o Príapo, dios romano de la fertilidad, siempre representado con unos gigantescos atributos . Desde los babilonios a los egipcios o las más lejanas culturas orientales, el culto al falo nos acompaña, por lo menos, desde la Edad de Piedra. ¿Pero desde cuándo exactamente? Al parecer, desde mucho antes de lo que pensábamos, según acaba de mostrar en ‘ Nature Scientific Reports’ un equipo internacional de investigadores, encabezado por la arqueóloga Solange Rigaud, de la Universidad de Bordeaux. De hecho, el hallazgo en el norte de Mongolia de un colgante con forma de pene y 42.000 años de antigüedad indica que la representación simbólica del falo humano es casi tan vieja como nuestra capacidad para el arte. Noticia Relacionada estandar Si Tim White, paleoantropólogo: «Nos pusimos de pie al emparejarnos. Ese fue el principio de nuestro éxito» Judith de Jorge El investigador estadounidense, descubridor de algunos de los fósiles más famosos de la evolución humana, se ha mudado a Burgos para averiguar cómo nuestro linaje conquistó la Tierra Tan vieja como el arte «Las representaciones figurativas en el arte -escriben los autores en su artículo- ocurrieron por primera vez hace 50.000 años en Europa, África y el Sudeste Asiático. Considerados por la mayoría como una forma avanzada de comportamiento simbólico, esas representaciones están restringidas a nuestra especie. Aquí, reportamos una pieza de ornamento interpretada como una representación similar a un falo. Se encontró en una capa arqueológica del Paleolítico Superior de 42.000 años de antigüedad en el sitio arqueológico al aire libre de Tolbor-21, en Mongolia». El colgante, una pieza de grafito tallado de 4,3 cm es, según los investigadores, «la representación antropomórfica sexuada más antigua conocida». La pieza, en efecto, es muy anterior al arte rupestre de la cueva Chauvet, en Francia, en cuyas paredes nuestros antepasados dibujaban vulvas hace unos 32.000 años. E incluso supera a la estatua de la Venus de Hohle Fels, en el suroeste de Alemania, a la que se atribuye una antigüedad de 40.000 años. ¿Y si no representa un pene? Solo hay un inconveniente: y es que no todos están convencidos de que el colgante mongol represente realmente un pene. El colgante fue descubierto en 2016 en un sitio llamado Tolbor, en las montañas Khangai del norte de Mongolia. La datación por radiocarbono del material orgánico encontrado a su alrededor sitúa el artefacto entre hace 42.400 y 41.900 años. En la misma capa sedimentaria también se encontraron un fragmento de un colgante de cáscara de huevo de avestruz, cuentas de ese mismo material, otros colgantes de piedra y piezas de huesos de animales. Solange Rigaud cree que el argumento más sólido a favor de la interpretación fálica del colgante procede de las características en las que se centró su creador. «Nuestro argumento -dice Rigaud- es que cuando quieres representar algo de manera abstracta, eliges características muy específicas que realmente caracterizan lo que quieres representar». Por ejemplo, el tallador parece haber tenido mucho cuidado de definir la abertura de la uretra, señala, y de distinguir el glande del eje. Detalles muy cuidados El análisis microscópico revela que muy probablemente se utilizaron herramientas de piedra para tallar tanto los surcos de la uretra como para el glande. También se descubrió que el colgante era más ‘suave’ en la parte posterior que en el frente. Según Rigaud, es probable que se haya atado una cuerda alrededor del glande, lo que sugiere que el adorno pudo haber sido llevado alrededor del cuello. El pronunciado desgaste de la superficie, además, indica que el colgante se utilizó durante un largo periodo de tiempo. Los investigadores piensan que es incluso probable que fuera pasando de generación en generación. El grafito, por último, no era un material ampliamente disponible cerca de Tolbor, lo que sugiere que el adorno pudo haber venido de otro lugar, tal vez a través del comercio. Ante las dudas sobre lo que realmente representa, Rigaud concede que «es complicado decir qué simboliza exactamente el objeto», ya que su reducido tamaño habría dificultado su identificación a distancia por parte de cualquiera que no fuera el propio usuario. Si así fuera, el colgante podría haber tenido algún significado especial o personal solo para quien lo llevaba. MÁS INFORMACIÓN noticia Si Desarrollan un nuevo sistema similar al GPS pero que puede atravesar rocas o ser usado bajo el agua noticia Si Un único fotón basta para poner en marcha la fotosíntesis Con todo, dicen los autores, el objeto refuerza la idea de que algunas de las primeras formas de pensamiento simbólico se encuentran, precisamente, en los adornos personales. En palabras de Rigaud «el colgante es importante porque destaca capacidades cognitivas muy específicas en nuestro linaje». Es decir, la capacidad de otorgar significado a las representaciones simbólicas, uno de los sellos distintivos del ser humano.