Entrevista: “Todavía existe resistencia a colocar científicos en la agenda de gobierno”

By 20/11/2020 Noticias

Entrevistamos a la mallorquina Marga Gual, experta en Diplomacia Científica y asesora en la temática para la Comisión Europea, quien participó del ciclo de coloquios del Foro CILAC, Ciencia en Movimiento, para presentar el informe que elaboró junto a UNESCO que recoge las buenas prácticas implementadas por países latinoamericanos para desarrollar la diplomacia en ciencias entre los Estados en la región

Marga Gual siempre supo que quería dedicarse a la ciencia. Oriunda de Mallorca, se licenció en Barcelona para realizar, tiempo después, en Australia, su doctorado en biología molecular. Sin perder tiempo comenzó a trabajar en un laboratorio como siempre había imaginado, pero algo le quitaba el sueño. Se desvelaba intentando descubrir de qué forma la ciencia podía impactar más y mejor sobre las personas. De qué manera podría ayudar a que la sociedad se beneficie ampliamente de todos los procesos y avances científicos.

La respuesta la encontró en la diplomacia científica. Una especialización hasta ahora relativamente poco explorada por la comunidad científica global, que tiene por objeto crear una sinergia potente entre una ciencia más humanitaria y una humanidad más científica.

Gual ha sido reconocida como Joven Líder Global por el Foro Económico Mundial. Actualmente es asesora de alto nivel en diplomacia científica y se ha especializado en construir puentes entre naciones que enfrentan tensiones. Ayudó a diseñar las estrategias de diplomacia científica de muchos gobiernos latinoamericanos, como así también en España y la Unión Europea. También es la fundadora de SciDipGLOBAL, una consultora internacional de estrategia, asesoría y capacitación que ayuda a gobiernos, científicos, ONG y organizaciones multilaterales a fortalecer los vínculos entre la ciencia, la tecnología y los asuntos internacionales para abordar desafíos comunes y navegar por transformaciones globales.

En el mes de noviembre de 2020, Gual participó del coloquio sobre Diplomacia Científica del ciclo Ciencia En Movimiento, que impulsa el Foro CILAC en América Latina y el Caribe. Allí presentó el informe que elaboró junto a UNESCO, “Diplomacia Científica en América Latina y el Caribe: Estrategias, Mecanismos y Perspectivas”, que recoge los casos de éxito de países que han comenzado a desarrollar esta disciplina en sus agendas de gobierno. El trabajo ha sido la primera investigación de estas características que se ha realizado en la región hasta el momento.

¿Por qué ha querido dedicarse a la Diplomacia Científica?

Me di cuenta que la ciencia no llegaba a la sociedad de la manera que yo pensaba que podía tener más y mejor impacto. Decidí entonces hacer una pausa en mi carrera científica y me postulé a una pasantía en Naciones Unidas, en la sede de New York de la ONU. Ahí descubrí que muy pocas personas con formación científica se dedicaban a trabajar en esos lugares de toma de decisión global. Todos mis compañeros habían estudiado derecho, ciencias políticas o relaciones internacionales, tal vez economía, o carreras tradicionales para las personas que entran en la diplomacia. Pero muy pocas personas tenían formación profesional en las ciencias exactas o naturales.

Me sorprendió mucho porque, justamente, era el momento en que se estaban debatiendo los Objetivos de Desarrollo Sostenible, y el papel de la ciencia era fundamental para abordar cualquiera de los desafíos que se discutían, por ejemplo: cambio climático, seguridad alimentaria, manejo de los océanos. Todo esto tiene una dimensión científica, pero hacía falta más personas formadas en ciencia para apoyar esos procesos.

Ahí vi que había una enorme oportunidad para abrir caminos y que más personas con formación científica pudiesen ingresar a los espacios de toma de decisiones, a esos espacios diplomáticos y ofrecer insumos científicos, basados en evidencia para tomar esas decisiones. No volví más al laboratorio.

 

¿Qué es concretamente la Diplomacia Científica?

Es todo aquello que abarca una vinculación entre el conocimiento científico y las relaciones internacionales y procesos diplomáticos. Por ejemplo, cuando la ONU tiene que negociar un acuerdo sobre el cambio climático, existe un organismo que provee de insumos científicos para esas negociaciones. Y esto es súper importante porque, generalmente, los diplomáticos no se especializan en temas técnicos sobre ciencia pero, cada vez más, los desafíos del planeta requieren de esos conocimientos. Hay una serie de cuestiones muy técnicas y complejas que los tomadores de decisiones, muchas veces por venir de backgrounds generalistas, no tienen ese nivel de especialidad.

Por otra parte, los científicos solemos tener una visión limitada de la ciencia, que nos impide entender las consecuencias que ciertos avances pueden ocasionar en la vida social y en la política pública. Por ejemplo, yo soy bióloga molecular y puedo estudiar una tecnología pero no entender las implicaciones éticas o de derechos humanos que conlleva el uso esa tecnología en la sociedad. Los científicos debemos empaparnos mucho más sobre los riesgos y beneficios de las tecnologías que uno desarrolla y eso todavía, generalmente, no se enseña en ninguna universidad del mundo. Hay estudios sobre esos impactos pero, normalmente, cuando uno cursa una carrera en física, biología o matemáticas, no tienes materias para entender la dimensiones sociales o políticas de una investigación.

La diplomacia científica, entonces, nos permite vincular estos dos mundos. Que tanto los gobiernos y las cancillerías incluyan ese conocimiento científico en su proceso de trabajo y desarrollen, también, redes con científicos y expertos que lo puedan asesorar, y viceversa: que los investigadores en la academia tengan también ese entendimiento de las implicaciones de las nuevas tecnologías.

 

¿Cuál es el estado de situación de América Latina y el Caribe en esta materia, en comparación con el resto del mundo?

Hay grandes avances en la región. Por eso quisimos hacer este relevamiento de buenas prácticas en casos y estrategias en América Latina. Es la primera vez que se realiza un mapeo de este tipo en la región, que es muy importante porque existen avances exitosos que deben darse a conocer para que otros países tengan esos modelos para inspirarse y avanzar en esa materia.

Hay solo dos países en la región que cuentan con esta estructura de ciencia dentro de los procesos diplomáticos. Por ejemplo, las “agregadurías científicas” en las embajadas es uno de los indicadores que analizamos cuando queremos ver el estado de un país. Vemos si han formalizado la figura de “agregados científicos” porque es demostración de que la ciencia está al frente de la política exterior. Puedo solamente mencionar que Brasil y Chile han formalizado estas figuras en sus embajadas.

Otro mecanismo que analizamos es la presencia de un asesoramiento científico dentro de la cancillería o para el Ministerio de Relaciones Exteriores. No hay ningún país que haya formalizado esa figura. Pero podemos resaltar también que muchos países han agregado en la formación académica de los diplomáticos capacitaciones en ciencia. Esto incluye Chile, México, Argentina, entre otros.

Diría que Panamá destacó sobre el resto de países por ser el primero que, en el año 2018, lanzó una estrategia oficial a nivel nacional de Diplomacia Científica. Panamá fue pionera en este sentido, hasta ahora ningún país lo había hecho. También destaca Cuba que siempre ha tenido un impulso muy fuerte a la diplomacia médica. Mandó apoyo médico en la crisis del Ébola, en África, por ejemplo.

En la región hay relevancia también a nivel subnacional, porque algunos países hoy piensan en diplomacia a nivel de ciudades, es decir, no solo desde el enfoque tradicional de las cancillerías. Esto es innovador para esta década: entender que la diplomacia no es algo exclusivo de los organismos diplomáticos convencionales, sino que también supone mucho a más actores, como las alcaldías, por ejemplo, que toman la cooperación científica a nivel de su ciudad. Aquí destaca la Ciudad de México, por ejemplo, que impulsa una agenda muy potente para esa localidad. Lo mismo con San Pablo en Brasil, que como Estado concentra la mayor parte de la productividad científica de ese país. Esto refleja la creciente diversificación de los actores en la diplomacia, no sustituyendola pero sí complementando.


¿Cuáles serían los desafíos que la región debe encarar?

Hay bastantes. Algunos son debidos a que la diplomacia nace conceptualmente en el Norte del planeta, es muy anglosajón. Los ejemplos vienen de EEUU, Europa, Japón y la cooperación en tiempos de la guerra fría. Eso hace que toda la literatura se encuentre en idioma inglés y los ejemplos deriven del norte global, por lo tanto hay mucho trabajo para contextualizar la diplomacia científica para estas latitudes, y cuesta definir lo que significa este término para esta parte del mundo. Hay que analizar cómo se puede adaptar eso a estas sociedades: no existe un modelo para replicar de una región a otra, cada país tiene una realidad muy específica, en cuanto a la realidad social, política, económica y científica.En el informe recogemos varios desafíos, empezando por la multiplicidad de foros regionales y subregionales. Existen muchísimos foros, de diferentes países y cada uno de esos tiene una comisión de ciencia y tecnología multilateral. Hay una redundancia y una falta de coordinación de todas esas comisiones, y una de las recomendaciones que hacemos es precisamente tratar de construir sinergias entre todos esos foros de cooperación. También el rol que asume el científico una vez que acaba su doctorado. Hay que impulsar mucho más la amplitud de las salidas laborales.

¿Los gobiernos latinos son receptivos a incorporar este abordaje?

Pues sí y no. Cuesta mucho el cambio institucional. La burocracia es muy lenta. Hay muchos países que no tienen ni siquiera un Ministerio de Ciencia. Hay agencias de cooperación pero funcionan de manera muy distinta. La distancia cultural y la trayectoria de las asesoras son diferentes.En la región todavía existe resistencia a colocar una persona que viene de la ciencia en la agenda de gobierno. Genera un choque cultural fuerte. Todavía hay mucha resistencia, aunque hay experiencias que muestran mucha voluntad como Panamá, Colombia, Costa Rica, que están muy activos a la hora de definir estos avances en la diplomacia científica. Falta mucho por recorrer, pero en este informe hemos dado un abanico bastante amplio para que los países tomen ejemplo y lo usen como referencia.

¿Qué beneficios obtendría una sociedad como consecuencia de entablar sólidas redes de diplomacia científica?

Es muy sencillo verlos. No hay ningún desafío que podamos abordar desde un sector de manera aislada. Lo estamos viendo con la pandemia. Es como un gran estudio de un caso de diplomacia científica en directo. Ningún país podrá vencer al virus por sí mismo y a la vez, no lo podremos vencer entre todos si un país decide no cooperar. Mientras el virus exista en un país, seguirá siendo una amenaza para la humanidad entera. La falta de vinculación entre ciencia y diplomacia nos ha llevado a situaciones mucho más dramáticas de lo que podrían haber sido.

¿Hace falta un nuevo liderazgo científico para hacer todo esto viable? ¿Cómo podemos construirlo?

Sí, definitivamente. Hay que entrenar a los científicos de una manera distinta. No podemos darnos el lujo de vivir encerrados en laboratorios toda nuestra vida o de publicar entrevistas que son inaccesibles al resto de la población. Para esto es importantísimo el movimiento de ciencia abierta que impulsa la UNESCO de manera muy fuerte en la región.La ética en la investigación, la Inteligencia Artificial, la convergencia tecnológica, entender las implicaciones geopolíticas. Todo eso es fundamental para entrenar a los científicos, para que sepan abarcar en su radar de acción todos esos asuntos y puedan entender lo que impacta la ciencia a la sociedad, y cómo ella puede y debe beneficiar a la gente, más allá del descubrimiento científico puntual, y más allá de las aplicaciones comerciales, que terminan en manos del sector privado.

 

Las ideas y opiniones expresadas en esta entrevista son las de los entrevistados y no reflejan necesariamente el punto de vista de la UNESCO ni comprometen a la Organización. Los términos empleados y la presentación de los datos que en ella aparecen no implican toma alguna de posición por parte de la UNESCO en cuanto al estatuto jurídico de los países, territorios y ciudades ni regiones, ni respecto de sus autoridades, fronteras o límites.