¬ŅEstamos listos para aceptar cerebros creados en laboratorio?

By 09/04/2021 Portal

La investigación con células madre ha permitido a la medicina alcanzar territorios que hasta hace poco eran exclusivos de la ciencia ficción. Gracias a ellas, en efecto, los científicos han conseguido ya fabricar células de todo tipo, desde cardíacas a renales o hepáticas y, lo más preocupante, cerebrales. Células que hoy en día se trasplantan a los pacientes en un amplio abanico de nuevas y revolucionarias terapias. Y en un futuro no demasiado lejano, todo parece indicar que lo mismo será posible también con órganos completos, incluido el propio cerebro.

En un art√≠culo reci√©n publicado en AJOB Neuroscience y escrito por un grupo de investigadores internacionales dirigido por Tsutomu Sawai, profesor en el Instituto Universitario de Kyoto para el Estudio Avanzado de Biolog√≠a Humana (ASHBi) y el Centro de Investigaci√≥n y Aplicaci√≥n de C√©lulas iPS (CiRA), se explican las implicaciones √©ticas de esta investigaci√≥n, centr√°ndose precisamente en la m√°s problem√°tica, la de los organoides cerebrales, estructuras fabricadas en laboratorio y que est√°n dise√Īadas para crecer y comportarse igual que un cerebro humano.

La revoluci√≥n de los ‘organoides’
En poco m√°s de una d√©cada, la palabra ‘organoide’ ha entrado de lleno en el l√©xico de las ciencias que se basan en o utilizan de alg√ļn modo c√©lulas madre. Los organoides son estructuras similares a √≥rganos, fabricados artificialmente pero que imitan el modo en que se forman y crecen los √≥rganos en el cuerpo. Por eso, los organoides han demostrado ser herramientas de gran valor para comprender no s√≥lo c√≥mo ‘funcionan’ nuestros √≥rganos, sino tambi√©n c√≥mo se desarrollan las enfermedades. Hasta ahora, se han desarrollado organoides para una amplia variedad de √≥rganos, incluidos el h√≠gado, los ri√Īones y, lo m√°s controvertido, el cerebro, considerado como la fuente de nuestra conciencia.

Por lo tanto, dicen los investigadores, si los organoides cerebrales realmente imitan al cerebro, es posible que también sean capaces de desarrollar una conciencia. Y eso lleva aparejadas todo tipo de implicaciones morales.

¬ęLa conciencia – asegura Sawai- es una propiedad muy dif√≠cil de definir. No tenemos muy buenas t√©cnicas experimentales que confirmen la conciencia. Pero incluso si no podemos probarla, deber√≠amos establecer pautas, porque los avances cient√≠ficos as√≠ lo exigen¬Ľ.

La cuesti√≥n es que los organoides cerebrales han dado lugar a profundas preguntas y debates sobre la naturaleza de la conciencia. Algunos, por ejemplo, imaginan un futuro en el que nuestros cerebros se ‘cargan’ y se mantienen en la nube mucho despu√©s de que nuestros cuerpos hayan muerto, lo que dar√≠a a los organoides la oportunidad de poner a prueba conceptos como la propia conciencia o la moralidad en entornos artificiales.

La conciencia del dolor
Los especialistas en √©tica han dividido la conciencia en muchos tipos. Uno de ellos, por ejemplo, nos hace ser conscientes del dolor, el placer y la angustia. Sawai y sus colegas argumentan que aunque se necesitar√≠an restricciones en los experimentos que utilizan organoides cerebrales, no prohibir√≠an por completo estos experimentos, ya que los animales com√ļnmente utilizados por la ciencia, como roedores y monos, tambi√©n muestran una conciencia que les hace sufrir o disfrutar.

El mayor de los problemas
Pero seg√ļn Sawai existe algo mucho m√°s urgente. ¬ęUno de los mayores problemas -dice- son los trasplantes. ¬ŅDeber√≠amos poner organoides cerebrales en animales para observar c√≥mo se comporta despu√©s el cerebro?¬Ľ

La investigaci√≥n con c√©lulas madre brinda ahora la posibilidad de desarrollar xeno-√≥rganos, u √≥rganos externos. Por ejemplo, los cient√≠ficos han cosechado grandes √©xitos a la hora de hacer crecer p√°ncreas de rat√≥n en ratas y viceversa, y se espera que una investigaci√≥n similar conduzca a que el p√°ncreas humano se desarrolle en cerdos. En principio, de este modo estos animales se convertir√≠an en ‘granjas de √≥rganos’ que pueden recolectarse, y eludir as√≠ los largos tiempos de espera asociados a la donaci√≥n de √≥rganos.

Pero el cerebro es otra cosa muy distinta. El crecimiento de cerebros humanos completos dentro de animales es algo que hoy en día no se considera seriamente, pero sí el trasplante de organoides cerebrales, que podría brindar información vital sobre cómo se forman enfermedades como la demencia o la esquizofrenia, y los tratamientos para curarlas.

‚ÄúSe trata de algo que a√ļn es demasiado futurista -dice Sawai- , pero eso no significa que debamos esperar para decidir sobre las pautas √©ticas. La preocupaci√≥n no es tanto una humanizaci√≥n biol√≥gica del animal, que puede ocurrir con cualquier organoide, sino una humanizaci√≥n moral, que es exclusiva de nuestro cerebro‚ÄĚ.

Habilidades mejoradas
Otras preocupaciones presentes en el art√≠culo se refieren, entre otras, a las ‘habilidades mejoradas’. Algo as√≠ como lo que sucedi√≥ en la pel√≠cula ‘El planeta de los simios’. Si los animales llegan a desarrollar rasgos humanizados, entonces tratarlos como simples animales ser√≠a algo que violar√≠a la dignidad humana, un principio b√°sico de la √©tica.

El documento se√Īala que algunos no consideran que estos resultados sean poco √©ticos. Las habilidades mejoradas sin un verdadero cambio en la autoconciencia son el equivalente a usar un animal superior en experimentos, algo as√≠ como pasar de un rat√≥n a un mono. Y un cambio en cuanto a dignidad no significa necesariamente un cambio hacia la dignidad humana, sino m√°s bien hacia un ‘nuevo tipo’ de dignidad.

Con todo, la mayor de las preocupaciones respecto al trasplante de organoides cerebrales no involucra a los animales. De hecho, hay buenas razones para creer que, en vista de lo rápido que avanza la investigación, el futuro traerá la posibilidad de trasplantar estas estructuras (los organoides cerebrales) a pacientes que sufrieron un traumatismo repentino, un derrame cerebral u otra lesión cerebral grave.

Ya existen varios ensayos clínicos que incluyen el trasplante de células cerebrales como terapia celular en pacientes con tales lesiones o enfermedades neurodegenerativas. Sawai cree que la ética que subyace a estas terapias podría, también, actuar como un paradigma para el futuro uso de organoides cerebrales.

‚ÄúLos trasplantes de c√©lulas -dice el investigador- cambian la forma en que funcionan las c√©lulas cerebrales. Si algo sale mal, no podemos simplemente eliminarlas y empezar de nuevo. En este momento, sin embargo, el trasplante de c√©lulas cerebrales se realiza generalmente en un solo punto del cerebro. Pero en el futuro no ser√° as√≠, y se espera que los organoides cerebrales cuando se usen, interact√ļen m√°s profundamente con el cerebro, arriesg√°ndose a cambios m√°s inesperados¬Ľ.

A finales de 2018, el campo de las c√©lulas madre se alborot√≥ cuando un cient√≠fico anunci√≥ que hab√≠a dise√Īado gen√©ticamente un embri√≥n humano que lleg√≥ a t√©rmino. Las acciones del cient√≠fico fueron una clara violaci√≥n de los marcos internacionales y resultaron en su sentencia de prisi√≥n.

Para evitar una controversia similar y una posible p√©rdida de confianza del p√ļblico en la investigaci√≥n de organoides cerebrales, el documento establece expl√≠citamente que todas las partes interesadas, incluidos los especialistas en √©tica, los responsables de la formulaci√≥n de pol√≠ticas y los cient√≠ficos, deben mantenerse en constante comunicaci√≥n sobre los progresos en este campo.

¬ęNecesitamos comunicarnos regularmente entre nosotros -concluye Sawai- sobre hechos cient√≠ficos y sus implicaciones √©ticas, legales y sociales¬Ľ.