La científica que susurraba a las orugas

By 21/02/2021 Portal

Durante los siglos XVII y XVIII comenzó a gestarse una revolución científica que acabaría dando origen a la ciencia moderna. Fue la época de las grandes expediciones que recorrieron los mares en busca de conocimiento. Aventuras en las cuales quedaron excluidas las mujeres, al igual que sucedía en el ámbito académico.

Un aspecto importante en cuanto a documentación se refiere es que, en aquella época, y dado que todavía no existía la fotografía, la única manera de transmitir los entresijos de la naturaleza era a base del pincel. En otras palabras, para ser científico además de tener conocimientos había que ser hábil con el dibujo.

La artista que amaba las mariposas
En 1647 nació en Frankfurt María Sibylla Merian, hija del conocido y virtuoso grabador suizo Matthäus Merian, propietario de una floreciente editorial especializada en libros ilustrados.

Cuando María tenía tan sólo tres años su padre falleció y, no mucho tiempo después, su viuda –Johanna Sibylla Heim- se desposó con Jacob Marrel, un conocido pintor de bodegones.

De esta forma, María Sibylla creció en un ambiente propicio, donde tuvo la oportunidad de aprender diferentes técnicas de dibujo, de conocer los secretos de las mezclas de los colores y del proceso para grabar en planchas de cobre. Además de tener a su alcance la oportunidad de publicar sus creaciones.

A su talento para el arte se unió su inquietud por la naturaleza en general, y por los insectos en particular. Sabemos que durante su adolescencia desarrolló un pasatiempo que mantendría el resto de su vida: recoger y criar orugas, para observar su transformación.

Más adelante, tras contraer matrimonio con el arquitecto y pintor Johann Andreas Graff, se trasladó a Nuremberg. Allí clasificó a las mariposas en nocturnas y diurnas, una categorización que sigue siendo válida en la actualidad, originalmente habían sido bautizadas como mariposas-capillas y mariposas-lechuzas.

María plasmó en dibujos y acuarelas las diferentes etapas del ciclo vital de estos insectos, al tiempo que anotaba de forma pormenorizada en sus cuadernos de campo los cambios que iban experimentando. En una de sus páginas escribió: «La única aproximación fiable al estudio de los fenómenos naturales es a través de la observación».

En contra de la generación espontánea
Hay que tener presente que su trabajo adquiere una mayor relevancia si tenemos en cuenta que en la época en la que vivió esta científica se pensaba que los insectos eran el resultado de la generación espontánea a partir del lodo en putrefacción, hasta el punto que la Iglesia los bautizó como «bestias del diablo».

Esta teoría estaba fuertemente arraigada desde la Antigüedad, había sido descrita por Aristóteles y sustentada por grandes espadas de la ciencia, como René Descartes, Francis Bacon, Isaac Newton o Jan Baptiste van Helmont.

En 1699, tras divorciarse, María se mudó a Surinam, en la Guayana holandesa, para estudiar con detalle las plantas, los frutos e insectos de la región y poder así enriquecer su investigación y obra gráfica.

Desgraciadamente esta mujer, a la que podríamos calificar de intrépida, curiosa y apasionada, tuvo que suspender su actividad tras enfermar de malaria, no teniendo más remedio que regresar a Ámsterdam. En la capital holandesa publicó su obra más importante: ‘Metamorfosis de los insectos de Surinam’.

A pesar de todas sus contribuciones a la ciencia, en aquella época su trabajo no pasó de ser considerado una excentricidad y durante mucho tiempo su figura quedó arrinconada en el desván de los olvidados.

Afortunadamente desde finales del siglo XX su figura se ha puesto en valor y actualmente nadie discute que el legado artístico de Maria Sibylla, en donde se entremezcla a partes iguales las mariposas, las serpientes, las arañas y los coleópteros tropicales, contribuyó de forma importante al enriquecimiento de la botánica y la entomología.

Antes de la aparición del euro esta científica fue agasajada por el estado alemán al ordenar que se imprimiese su retrato en los billetes de 500 marcos alemanes y en los sellos de 0.40 marcos.

M. Jara

Pedro Gargantilla es médico internista del Hospital de El Escorial (Madrid) y autor de varios libros de divulgación