La historia detrás de los cuatro símbolos de la enfermería

By 20/12/2020 Portal

A la enfermería se la ha denominado como la más antigua de las artes y la más joven de las profesiones. Como tal, su recorrido a lo largo de la Historia ha atravesado numerosas etapas y ha formado parte de diferentes movimientos sociales.

Ahora estamos acostumbrados a las camisas y pantalones que integran la indumentaria y los pijamas habituales de la enfermería moderna, pero no siempre ha sido así. Durante mucho tiempo el uniforme consistió en un vestido -de diferentes colores, según el momento histórico-, un delantal y un gorro.

La cofia

Propaganda del Gobierno estadounidense durante la Segunda Guerra Mundial para incentivar a las jóvenes a participar de los cuerpos de asistencia sanitaria del Ejército – Wikipedia

Para conocer el origen de la cofia, como parte de la vestimenta de las enfermeras, hay que remontarse hasta la época medieval, momento en el que se denominaba toca. Fue durante la época victoriana cuando se le dio una función distintiva, para evitar que las enfermeras pudiesen ser confundidas con prostitutas cuando saliesen de noche a atender a los enfermos.

Su color debía ser invariablemente blanco, terminaba en dos alas laterales y el pelo debía ir recogido en su interior. Simbolizaba la distinción y la responsabilidad en el cuidado de las personas.

Poco a poco fue perdiendo su significado inicial y hubo un tiempo en que fue opcional; para al final, en la década de los ochenta del siglo pasado, ser eliminada en la mayoría de los países.

La dama con la lámpara (1891). Reproducción de litografía en colores de una pintura de Henrietta Rae (1854) que muestra a Florence Nightingale entre los heridos durante la guerra de Crimea – Wikipedia

La lámpara
Fue durante la Guerra de Crimea (1854) cuando las enfermeras, con Florence Nightingale a la cabeza, comenzaron a usar las lámparas de aceite en sus rondas nocturnas para alumbrar y poder conocer el estado de los pacientes más graves. Por este motivo, se las conocía popularmente como las «señoras de la lámpara».

En algunas escuelas de enfermería se recurre todavía a la lámpara de forma alegórica para iluminar el acto de graduación, es una forma de dar la bienvenida a las nuevas enfermeras y recordarles la confianza que deposita la sociedad en ellas.

Rememorando este elemento simbólico aparece la imagen de la lámpara en la cubierta de algunas revistas de enfermería y en el logotipo del Consejo Internacional de Enfermeras.

La capa y el uniforme
La capa de las enfermeras estaba confeccionada con fieltro, un material resistente a las bajas temperaturas nocturnas, y solía ser de color azul marino. Estaba especialmente pensada para aquellas enfermeras que realizaban guardias de 24 horas.

En cuanto al uniforme, es el que más ha evolucionado a lo largo de la Historia. Durante la Edad Media derivó del hábito negro de las religiosas y se le añadió un delantal blanco sin tirantes. Prácticamente permaneció invariable hasta que en el siglo diecisiete se modificó por un vestido grisáceo y un delantal oscuro.

Florence Nightingale – Wikipedia

Florence Nightingale varió considerablemente el vestuario al añadir una larga falda gris y una chaqueta de terciopelo que permitía ver los puños y el cuello de la blusa.

Durante la Primera Guerra Mundial los uniformes de las enfermeras cambiaron el decoro por la eficacia, al estandarizar el uniforme blanco, símbolo de pulcritud, con mangas hasta los codos, para permitir la movilidad, y al añadir al delantal un par de bolsillos en los que se pudieran guardar los adminículos necesarios para realizar las curas de los pacientes.

Después de la Gran Guerra se transformó nuevamente, escogiéndose un vestido blanco que llegaba hasta los tobillos; durante las décadas siguientes la longitud del vestido se fue acortando progresivamente, fruto de las modas imperantes, y se incorporaron las conocidas medias blancas.

Finalmente, en los ochenta el uniforme empezó a parecerse cada vez más a la ropa cotidiana, y se hizo especialmente popular los pantalones y las camisas de cuello abierto.

M. Jara

Pedro Gargantilla es médico internista del Hospital de El Escorial (Madrid) y autor de varios libros de divulgación