Verena Mohaupt: «Nos mirábamos la nariz para saber si nos congelábamos»

By 18/01/2021 Portal

La alemana Verena Mohaupt sabe mejor que nadie que el éxito de un viaje está en los preparativos. Especialmente, cuando lo que se te ha olvidado no se puede comprar en una tienda a la vuelta de la esquina. Esta mujer intrépida es la jefa de logística de MOSAiC, la expedición científica al Ártico más ambiciosa de todos los tiempos. Terminó el pasado octubre tras un año en el que investigadores de 20 países, también del CSIC, se dieron el relevo para viajar a la deriva entre bloques helados en un rompehielos, el Polarstern. Su objetivo: obtener datos decisivos que pronostiquen el cambio climático global.

Mohaupt, que pasó nueve meses a bordo, sabía que no podía dejar nada al azar. De ella dependía que los científicos sobrevivieran en un infierno blanco en el fin del mundo, con temperaturas terribles de hasta 45º C bajo cero. Supervisó cada detalle durante años: desde los grandes equipos como fresadoras de hielo y vehículos submarinos teledirigidos, a las rígidas medidas de seguridad contra el frío y los osos polares. Ha sido elegida como una de las personalidades más influyentes del año por la revista «Nature».

-¿Cuál fue el mayor problema a la hora de organizar la expedición?

-El frío extremo supone grandes desafíos. Muchos equipos no funcionan tan bien como deberían y, por supuesto, trabajar en esas condiciones es muy duro. Hicimos muchas pruebas de antemano para prepararnos lo mejor que pudimos. Pero yo diría que la mayor dificultad fue albergar todos los equipos, ya que muchos proyectos diferentes querían traer los suyos.

-¿Es posible trabajar a -45ºC?

-Por supuesto, todos los investigadores sabían cómo vestirse adecuadamente y cuáles son los peligros de trabajar en un ambiente frío. Pero cuidar unos de otros era una buena medida de seguridad. Por ejemplo, mirábamos si nuestro compañero tenía la punta de la nariz blanca, porque es el primer signo de congelación. Especialmente en condiciones de viento, esto puede suceder rápidamente y, a veces, sin darse uno cuenta.

-¿Alguien resultó herido?

-Tuvimos varios casos de pequeñas congelaciones, aunque afortunadamente solo una importante.

-¿Cómo era un día normal en el rompehielos?

-Teníamos una rutina bastante estricta a bordo. Había una reunión por la mañana, desayuno, tiempo en el hielo, luego almuerzo, tiempo en el hielo, cena, una reunión por la noche… Pero era imposible aburrirse porque las roturas, la niebla o los osos polares hacían cada día diferente.

-Aislados en el fin del mundo, ¿no surgían disputas?

-Como en cualquier situación en la que muchas personas trabajan en estrecha colaboración, la clave es la coordinación. Éramos más de 60 personas deseando realizar numerosas actividades con un tiempo y recursos limitados… Pero el aislamiento no es tan importante. Simplemente, no es posible irse a casa.

-¿Cómo mantenían el ánimo?

-Me gusta la vida en el contexto de las expediciones, con muchas otras personas. Es intenso y muy social. Pero también es importante poder «entretenerse». He aprendido a darme cuenta de cuándo necesito algo de tiempo para mí. Entonces me voy a leer un libro o algo parecido.

-¿Podían salir a pasear por el hielo?

-Las actividades en el hielo eran principalmente para trabajar. Tenía que haber una vigilancia en el puente y siempre salíamos en grupos de al menos dos personas. Sin embargo, a veces organizábamos pequeños paseos para aquellos que normalmente trabajaban más en los laboratorios, o simplemente para disfrutar de este magnífico entorno.

-Ha mencionado los osos polares. ¿Se enfrentaron a alguno?

-Tuvimos varias visitas de osos polares a lo largo de la expedición. Los vigías, que habían realizado un entrenamiento específico, se encargaban de detectarlos a tiempo y asegurarse de que se regresaba a la embarcación de manera segura. Usamos bengalas para ahuyentarlos cuando fue necesario.

-¿Vivió algún momento de pánico?

-No, pero antes de salir de Tromsø (Noruega) en septiembre de 2019 sí me asustaba haberme olvidado de empacar algo realmente importante. Afortunadamente, ese no fue el caso. La verdad es que me dejé alguna cosa, pero siempre pudimos improvisar y solucionarlo.

-¿Cuál fue el artefacto más extraño que llevó?

-Quizás un pequeño embudo, para asegurarme de poder orinar en una botella incluso cuando estaba vestida con muchas capas de ropa gruesa. También tuvimos que construir grandes soportes luminosos para las luces de aterrizaje de los helicópteros de algunos puestos de avanzada.

-¿Cómo cree que la expedición ayudará a conocer el futuro de la Tierra?

-Espero que los datos recopilados nos ayuden a comprender mejor el sistema climático. Sé que muchos investigadores están trabajando en su análisis ahora mismo, y estoy realmente emocionada por conocer sus resultados.

-En España sufrimos una ola de frío insólita. ¿Puede darnos algunos consejos para sobrellevarla?

-¡Asegúrate de vestirte adecuadamente! Para mí funcionan mejor las capas de ropa, ya que puedes quitarte una o poner más si es necesario. Utiliza calcetines gruesos y un sombrero, porque se pierde mucho calor por la cabeza. Y bueno, el chocolate caliente es una de mis soluciones favoritas.