El experimento de «intercambio» de cuerpos por el que te sientes amenazado sin estar en tu piel

By 26/08/2020 Portal

¿Quiénes somos? Una pregunta con apenas dos palabras se torna verdaderamente difícil de contestar. La comunidad científica aún discrepa, pero se cree que nuestro sentido del «yo» está influenciado por nuestras experiencias, como la infancia, y nuestra interacción con los demás. Pero según un estudio recientemente publicado en «iScience» hay algo más: nuestros cuerpos.

Así lo demuestra un experimento en el que parejas de amigos «intercambiaron» sus cuerpos y se descubrió que las percepciones sobre ellos mismos se volvieron más similares a los rasgos de personalidad de su compañero. Incluso sus cuerpos reaccionaron sin saberlo cuando al otro participante le amenazaron con un cuchillo. Los hallazgos sugieren que este estrecho vínculo entre nuestro sentido del yo psicológico y el físico también está involucrado en funciones como la memoria: cuando nuestro autoconcepto mental no coincide con nuestro yo físico, nuestra memoria tiene a ser peor.

El experimento
«Cuando era niño, me gustaba imaginar cómo sería despertar en el cuerpo de otra persona», afirma Pawel Tacikowski, investigador postdoctoral en el Karolinska Institutet en Suecia y primer autor del estudio. «Es probable que muchos niños tengan esas fantasías. Pero supongo que yo nunca las superé y simplemente las convertí en mi trabajo».

El equipo del Laboratorio del cerebro, el cuerpo y el yo, dirigido por Henrik Ehrsson, equipó a parejas de amigos con gafas que mostraban imágenes en directo del cuerpo de la otra persona desde una perspectiva en primera persona. Algo así como ponerse en la piel del otro a través de las nuevas tecnologías. Para hacer más vívida esta ilusión, combinaron lo que veían los participantes con toques en diferentes partes del cuerpo, para que también pudieran sentir lo que veían con las gafas. Es decir, que si los participantes veían que algo les tocaba la rodilla, los investigadores les tocaban en ese justo momento la rodilla, para hacer la sensación más real.

Gráfico del experimento

Mattias Karlen
Al principio, tocaron de forma simultánea en ambos cuerpos. Después, el experimento pasó a un grado más: los investigadores amenazaron el cuerpo del amigo con un cuchillo y descubrieron que el participante empezó a sudar como si él fuera el amenazado. «El intercambio de cuerpos ya no es dominio exclusivo de la ciencia ficción», afirma Tacikowski.

Aunque a los voluntarios se les hizo sentir como si se hubieran «despertado en el cuerpo de otra persona» solo durante un breve período de tiempo, fue suficiente para alterar significativamente su autopercepción. Antes de ponerse las gafas y «mudarse de piel», a los candidatos se les preguntó sobre cómo se veían a sí mismos y a sus amigos en rasgos como la locuacidad, la alegría, la independencia y la confianza. Después, durante el intercambio, fueron cuestionados acerca de cómo se veían ellos mismos: sus respuestas tendían a calificarse con similares características a las que habían atribuido a su amigo.

Esquema de cómo cambió el autoconcepto antes y durante el experimento

Pawel Tacikowski
Consecuencias para la memoria
Y el experimento no se quedó ahí: los investigadores también descubrieron que tuvo consecuencias para la memoria de los participantes. «Hay un hallazgo bien establecido de que las personas recuerdan mejor las cosas que están relacionadas con ellas mismas. Por lo tanto, pensamos que si interferíamos con la autorrepresentación durante la ilusión, eso debería disminuir el rendimiento de su memoria», dice Tacikowski. De hecho, eso fue lo que pasó: los participantes durante la ilusión generalmente obtuvieron peores resultados en las pruebas de memoria.

Por otro lado, los investigadores también observaron que los participantes que aceptaron más plenamente el cuerpo del otro como propio y ajustaron de forma más significativa sus calificaciones de personalidad para igualarlas a las que previamente dieron de su amigo se desempeñaron mejor en las pruebas de memoria que los que indicaron que se sentían desconectados de su cuerpo. El equipo cree que esto se puede deber a que estos participantes tenían menos «auto-incoherencia», lo que significa que sus autorrepresentaciones físicas y mentales todavía estaban alineadas.

Aplicaciones prácticas
Estos hallazgos pueden ser importantes a la hora de analizar el trastorno de despersonalización, donde las personas sienten una incoherencia entre su estado mental y su cuerpo, y otros trastornos psiquiátricos como la depresión. «Demostramos que el autoconcepto tiene el potencial de cambiar muy rápidamente, lo que nos lleva a algunas implicaciones prácticas potencialmente interesantes», dice Tacikowski. «Las personas que sufren de depresión a menudo tienen creencias muy rígidas y negativas sobre sí mismas y que pueden ser devastadoras para día a día. Si cambia esta ilusión ligeramente, podría hacer que esas creencias sean menos rígidas y menos negativas».

Por ahora, sin embargo, quiere formular un marco más general sobre cómo se construye el sentido del yo en los niveles corporal y psicológico. Es decir, cuál es el mecanismo cerebral. «Entonces, podemos usar este modelo para aplicaciones clínicas más específicas para posiblemente desarrollar mejores tratamientos».