La misión DART ha puesto en el foco la amenaza de los asteroides y la preocupación de las principales agencias espaciales por los peligros que puedan llegar desde el espacio. Si bien Dimorphos , la roca contra la que ha impactado con éxito la sonda de la NASA para demostrar que la humanidad posee una tecnología capaz de desviar un asteroide , no representa ningún riesgo para la Tierra, nuestro planeta recibe anualmente miles de ‘visitas’ desde el espacio (algunos expertos calculan que hasta 17.000 al año), algunas de ellas con consecuencias casi apocalípticas. Chicxulub, el principio del fin de los dinosaurios El ejemplo más claro es el meteorito que hace 66 millones de años que desencadenó una extinción masiva que acabó con el 75% de las especies y el reinado de los dinosaurios. De unos 12 kilómetros de diámetro, la roca impactó en lo que hoy es Chicxulub , en la península mexicana de Yucatán, derritiendo la superficie con una explosión 10.000 veces superior a todo el arsenal atómico que existe en el mundo actual. La brutal colisión cambió el clima de la Tierra durante al menos dos años, provocando desde erupciones volcánicas masivas y tsunamis nunca vistos en la historia moderna, según señalan diferentes estudios. Noticias Relacionadas estandar No Publican las primeras imágenes del momento del impacto de DART sobre el asteroide Dimorphos ABC Ciencia estandar No «Histórico»: la NASA impacta un asteroide en la primera misión de defensa planetaria Javier Ansorena Los expertos coinciden en que si una roca espacial de estas dimensiones se dirigiera a la Tierra, poco o nada se podría hacer, al menos con la tecnología actual. A pesar de ello, que fuera tan grande también tendría sus ventajas: los observatorios podrían detectarlo antes y ofrecernos un tiempo considerable para reaccionar. De momento, tranquilidad: no se ha hallado ninguna roca cercana tan grande que vaya a impactar al menos en los próximos 100 años. Tunguska, un ‘aviso’ en nuestro tiempo El 30 de junio de 1908 los cielos de Siberia oriental se iluminaron con un resplandor nunca visto. Apenas unos segundos después, una enorme explosión equivalente a la fuerza de un terremoto de magnitud 8 en la Escala Ricther (el máximo es 9) a una distancia de entre 5 y 10 kilómetros del suelo provocó una onda que arrasó con un terreno de más de dos kilómetros cuadrados. Los primeros en llegar pudieron ver los árboles calcinados y arrancados de cuajo sobre la superficie. Bautizado como el evento Tunguska , por el nombre del río que cruza la zona, se trata de la mayor explosión venida desde el espacio registrada en la Edad Moderna y aún un quebradero de cabeza para los científicos. De hecho, aunque la teoría más aceptada era que ese cuerpo, de entre 50 a 190 metros de longitud, había explotado en el aire, un reciente estudio afirmaba que tan solo nos había ‘rozado’ y había pasado de largo. 112 años después lo que pasó en aquella mañana sobre los cielos de Siberia sigue siendo un misterio. Chelyabinsk, el ‘susto’ reciente Nuestra atmósfera es la encargada de protegernos de estas rocas espaciales, que en su mayoría acaban quemados y ni siquiera llegamos a notarlos. Sin embargo, hay veces en las que esta capa protectora natural no es suficiente para frenarlos. Un ejemplo es el meteorito que estalló sobre el cielo de la localidad rusa de Chelyabinsk : su poder destructivo, comparable a 600.000 toneladas de TNT, provocó más de 1.000 heridos y daños en centenares de casas. Y eso que tan solo medía 19 metros de diámetro. Un estudio posterior reveló que tres cuartas partes del meteoroide original se evaporaron durante una explosión ocurrida a 30 kilómetros de altura. Y de lo que quedó, la mayor parte se convirtió en polvo. Solo un pequeño trozo, con una masa de entre 4.000 y 6.000 kg (o lo que es lo mismo, el 0,05 por ciento del meteoroide), cayó al suelo en forma de meteoritos. El mayor de los restos encontrados pesa unos 650 kg. Y fue recuperado del fondo del lago Chebarkul por un equipo de la Universidad Federal de los Urales. MÁS INFORMACIÓN noticia No Códices iluminados: los libros donde se reflejaban plantas para expulsar al demonio noticia Si Un tercio de los científicos que trabajan en IA creen que su uso podría desencadenar una catástrofe global El resultado de las pruebas practicadas a los restos es que el objeto de Chelyabinsk era una condrita , una roca de 4.452 millones de años de antigüedad procedente de un enorme enorme impacto que se produjo apenas 115 millones de años después de que se formara nuestro Sistema Solar, hace 4.567 millones de años. Además, la roca que llegó a la Tierra formaba parte de otra mayor, de la que se escindió hace apenas 1,2 millones de años, probablemente en una ‘pasada’ previa en las cercanías de nuestro planeta. Ella, como los cientos de miles de millones de rocas que hay en el espacio, siguen ahí. Sobre nuestras cabezas.