Tres razones por las cuales la cultura de la cancelaci贸n es ineficaz (y tres que demuestran que es contraproducente)

By 10/07/2020 portal-3

Tres razones por las cuales la cultura de la cancelaci贸n es ineficaz (y tres que demuestran que es contraproducente)

Como se帽al谩bamos el otro d铆a, la cultura de la cancelaci贸n incluso ha alcanzado a acad茅micos, como Steven Pinker, y 150 intelectuales ya han firmado una carta para tener derecho de discrepar sobre opiniones hegem贸nicas sin temor a ser condenados al ostracismo, entre los que se encuentran Noam Chosmky, Salman Rushdie o el propio Pinker.

Las intenciones de la cultura de la cancelaci贸n pueden ser loables. El problema es que sus consecuencias tambi茅n pueden ser muy perniciosas, y no debemos recordar que los mayores desastres suelen proceder de pol铆ticas que persiguen el bien.


Tres razones

La cultura de la cancelaci贸n (del ingl茅s original cancel culture) designa al fen贸meno extendido de retirar el apoyo moral, financiero, digital y social a personas o entidades medi谩ticas consideradas inaceptables, generalmente como consecuencia de determinados comentarios o acciones. Pero surgen varias inquietudes cuando atribuimos consecuencias punitivas al discurso de las personas en funci贸n de su ilicitud moral percibida (en lugar de simplemente argumentar que es err贸neo o falso).

Hay tres razones elementales por las cuales la cultura de la cancelaci贸n es contraproducentes:

  1. Las afirmaciones de ilicitud moral en un debate suponen urgencia inmediata y distraen del debate mismo. Por ejemplo, supongamos que en un debate sobre inmigraci贸n, una persona dice algo que ofende a otra. La discusi贸n sobre el problema original (inmigraci贸n) se colocar谩 entre corchetes hasta que se resuelva el problema de la fechor铆a moral.
  2. Las afirmaciones sobre ilicitud, nocividad u ofensa est谩n abiertas al debate. Como el fil贸sofo, pol铆tico y economista ingl茅s John Stuart Mill observ贸 en su obra m谩s conocida, Sobre la libertad, all谩 por el siglo XIX: “La utilidad de una opini贸n es en s铆 misma una cuesti贸n de opini贸n: tan discutible, tan abierta a la discusi贸n y que requiere tanta discusi贸n como la opini贸n misma”. Tambi茅n es obligado definir “bueno” y “malo”. Esos son conceptos lisol贸gicos, cambian con el tiempo, a veces cambian seg煤n el criterio de cada persona (incluso las leyes se adaptan a esos cambios, no a la inversa). Los actos buenos o malos no se pueden aislar, forman parte y est谩n engranados con las necesidades, deseos o carencias de otras personas, y tambi茅n con sus concepciones de lo que es bueno o malo, mejor o peor, asumible o inasumible.
  3. Las acusaciones de irregularidades inaceptables en una opini贸n originan fricciones. Pocas personas responden constructivamente a las acusaciones de irregularidades. A menudo se toman represalias en especie, intensific谩ndose el conflicto.
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Tambi茅n hay tres razones por las cuales este tipo de din谩micas resultan infructuosas o incluso contraproducentes, es decir, se alimenta lo que precisamente se trata de combatir:

  1. La democracia misma asume que los ciudadanos pueden escuchar diferentes argumentos, evidencias y perspectivas. Si partes significativas del espectro pol铆tico ya no son toleradas, entonces las instituciones sociales pierden este tipo de legitimidad. Todos somos menos libres.
  2. Escuchar a otros con opiniones diferentes y relacionarse con ellas puede ayudarnos a comprender sus puntos de vista y desarrollar versiones m谩s informadas de nuestras propias posiciones. No hacerlo nos vuelve m谩s tribales e intensifica las relaciones Nosotros/Ellos, la fuente de los conflictos entre grupos de personas. Por otro lado, estar constantemente indignado por puntos de vista opuestos proporciona una raz贸n robusta para no considerarlos. Esto alimenta directamente el sesgo de confirmaci贸n y el pensamiento grupal, es decir, nos vuelve m谩s imb茅ciles, m谩s intolerantes y m谩s reaccionarios. El abono perfecto de los Estados totalitarios.
  3. Avergonzar, censurar o parodiar los puntos de vista de otros colectivos pueden causar justo lo contrario: que el grupo sienta ya no tanto que se cuestione la legitimidad de sus opiniones como su propia libertad, individual y grupal. La sensaci贸n de que est谩n tratando de controlarles provocar谩 que el grupo se vuelva m谩s cohesionado o que los individuos abracen de forma m谩s vehemente sus opiniones. La censura universitaria actual es una buena prueba de ello.

Ninguna de estas preocupaciones descarta categ贸ricamente atribuir consecuencias punitivas al discurso de odio, y menos a煤n las difamaciones y las calumnias. Pero considerar las opiniones err贸neas como un discurso intolerable conlleva costes 茅ticos que no deber铆an pasarse por alto. Y puestos a correr riesgos, resulta preferible correrlos al dar carta de naturaleza a determinadas opiniones que nos parezcan aberrantes antes que permitir que se censuren las opiniones de una forma que dif铆cilmente podemos argumentar que no es arbitraria (y que esas mismas razones no sirvan para censurar muchas opiniones m谩s, incluidas la nuestra).

Otros铆, cortes铆a de Stuart Mill, sobre por qu茅 nunca deber铆amos censurar opiniones, salvo que la ley considere que estas est谩n hollando el terreno de la calumnia y la difamaci贸n:

Primero, si cualquier opini贸n se ve obligada a guardar silencio, esa opini贸n puede, por lo que ciertamente podemos saber, ser cierta. Negar esto es asumir nuestra propia infalibilidad. En segundo lugar, aunque la opini贸n silenciada sea un error, puede contener, y muy com煤nmente lo hace, una parte de verdad; y dado que la opini贸n general o prevaleciente sobre cualquier tema rara vez o casi nunca es la verdad completa, es solo por la colisi贸n de opiniones adversas que el resto de la verdad tiene alguna posibilidad de ser conseguida. En tercer lugar, incluso si la opini贸n recibida no solo es verdadera, sino toda la verdad; a menos que se considere que es, y de hecho es, impugnada en茅rgicamente y con seriedad, la mayor铆a de los que la reciben la considerar谩 un prejuicio, con poca comprensi贸n o sentimiento de sus fundamentos racionales. Y no solo esto, sino que, en cuarto lugar, el significado de la doctrina corre peligro de perderse, debilitarse y privarse de su efecto vital sobre el car谩cter y la conducta: el dogma se convierte en una mera profesi贸n formal, ineficaz para siempre, pero agitando el terreno, y evitando el crecimiento de cualquier convicci贸n real y sincera, de la raz贸n o la experiencia personal.


La noticia

Tres razones por las cuales la cultura de la cancelaci贸n es ineficaz (y tres que demuestran que es contraproducente)

fue publicada originalmente en

Xataka Ciencia

por
Sergio Parra

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