{"id":35836,"date":"2021-03-29T23:37:33","date_gmt":"2021-03-29T23:37:33","guid":{"rendered":"https:\/\/www.abc.es\/ciencia\/abci-enorme-tormenta-solar-azoto-tierra-1582-202103300137_noticia.html"},"modified":"2021-03-29T23:37:33","modified_gmt":"2021-03-29T23:37:33","slug":"una-enorme-tormenta-solar-azoto-la-tierra-en-1582","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/forocilac.org\/en\/una-enorme-tormenta-solar-azoto-la-tierra-en-1582\/","title":{"rendered":"Una enorme tormenta solar azot\u00f3 la Tierra en 1582"},"content":{"rendered":"<p><img decoding=\"async\" align=\"left\" src=\"https:\/\/static1.abc.es\/media\/ciencia\/2021\/03\/29\/1597783348271tormentasolar-4abc985782c14d0bd8399d301f48d78d-1200x800-k9dF--620x349@abc.jpg\">Principios de marzo del a\u00f1o 1582. El cielo se inunda con una brillante luz de color rojo que que brilla con toda intensidad durante varias noches. A lo largo de tres d\u00edas, el fen\u00f3meno asombra y aterroriza al mismo tiempo a personas en m\u00faltiples lugares del planeta. Desde Portugal al lejano Jap\u00f3n feudal, los testimonios se repiten. \u00abUn gran fuego apareci\u00f3 en el cielo, hacia el norte, y dur\u00f3 tres noches\u00bb, escribe Pedro Ruiz Soares, testigo presencial y autor de una cr\u00f3nica portuguesa del siglo XVI. Relatos similares salpican distintas cr\u00f3nicas en Leipzig, Alemania, Yecheon, Corea del Sur y una docena m\u00e1s de otras ciudades repartidas por toda Europa y Asia.<\/p>\n<p>El evento, sin duda, tuvo que ser deslumbrante y provoc\u00f3 la aparici\u00f3n de auroras, t\u00edpicas de las zonas polares, en regiones donde nunca nadie hab\u00eda visto una, desde Florida a Egipto o el sur de Jap\u00f3n. Nadie recordaba algo parecido.<\/p>\n<p>La culpa de todo lo sucedido la tuvo una tormenta solar, probablemente la m\u00e1s fuerte de cuantas el ser humano haya podido ser testigo. Fueron muchos los que interpretaron el sobrecogedor espect\u00e1culo nocturno como un oscuro presagio de muerte y destrucci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00abToda esa parte del cielo -escrib\u00eda Soares- parec\u00eda arder en llamas ardientes; parec\u00eda que el cielo entero ard\u00eda. Nadie recordaba haber visto algo as\u00ed&#8230; A medianoche, grandes rayos de fuego, aterradores y espantosos, se alzaron sobre el castillo. Al d\u00eda siguiente sucedi\u00f3 lo mismo a la misma hora, pero no fue tan grande y aterrador. Todos salieron al campo para contemplar aquella gran se\u00f1al\u00bb.<\/p>\n<p>Los testimonios recopilados arriba sobre la gran tormenta solar de 1582 fueron descubiertos por investigadores que pretend\u00edan saber m\u00e1s sobre aquel evento. Se trat\u00f3, sin duda, de una tormenta solar masiva, comparable tambi\u00e9n a las registradas en otras cr\u00f3nicas antiguas. Para los cient\u00edficos actuales, se trata de importantes pruebas que aportan pistas sobre los patrones hist\u00f3ricos de comportamiento del Sol, patrones sobre los que no se tiene ning\u00fan otro tipo de registro.<\/p>\n<p>Y esos patrones parecen indicar que se produce una gran tormenta de esta clase alrededor de una vez por siglo, por lo que cabr\u00eda esperar, dicen los expertos, que tambi\u00e9n el siglo XXI acabar\u00e1 siendo testigo por lo menos de una.<\/p>\n<p>Habr\u00eda, sin embargo, una diferencia fundamental en cuanto a sus efectos. En el pasado, y aparte de las espectaculares auroras, las grandes tormentas solares no tuvieron pr\u00e1cticamente ning\u00fan efecto da\u00f1ino sobre la poblaci\u00f3n. Pero hoy, con nuestra vida entera dependiendo de dispositivos el\u00e9ctricos y magn\u00e9ticos, la cosa ser\u00eda bien diferente. Una tormenta como la de 1582 podr\u00eda inutilizar de forma permanente nuestras centrales el\u00e9ctricas, destruir los sistemas de comunicaciones y sat\u00e9lites, acabar con internet y los aparatos electr\u00f3nicos&#8230; dejando al mundo, de un solo golpe, en plena era preindustrial.<\/p>\n<p>Las consecuencias ser\u00edan aterradoras y las p\u00e9rdidas, tanto materiales como humanas, incalculables. En 1989 ya tuvimos un &#8216;aperitivo&#8217; cuando una tormenta solar solo medianamente grande acab\u00f3 con la red el\u00e9ctrica en Quebec, Canad\u00e1. Hasta ahora, la mayor tormenta solar registrada con instrumentos cient\u00edficos fue el llamado evento Carrington. Sucedi\u00f3 en 1859 y afect\u00f3 gravemente a las redes de tel\u00e9grafos, los sistemas el\u00e9ctricos m\u00e1s extendidos en aquel entonces, muchas de las cuales se incendiaron de forma espont\u00e1nea. En la actualidad, un evento similar habr\u00eda supuesto una cat\u00e1strofe.<\/p>\n<p>Sabemos que las tormentas solares son causadas por perturbaciones en la atm\u00f3sfera del Sol. Se trata de enormes explosiones de alta energ\u00eda, que pueden ir acompa\u00f1ada de inmensas r\u00e1fagas de material ardiente, arrancado del propio Sol y que conocemos como \u00abeyecciones de masa coronal\u00bb. En menos de 24 horas, siempre que las tormentas est\u00e9n alineadas con la Tierra, la masa incandescente de part\u00edculas llega a nuestro planeta e interact\u00faa con su campo magn\u00e9tico, que ejerce de escudo protector.<\/p>\n<p>La magnetosfera desv\u00eda la nube hacia los polos, y all\u00ed es donde aparecen las espectaculares (e inofensivas) auroras. Pero si la intensidad de la eyecci\u00f3n es suficiente, el escudo terrestre puede ser traspasado, y la ardiente radiaci\u00f3n penetrar en la atm\u00f3sfera y cargar el aire con una gran cantidad de energ\u00eda, la suficiente como para desconectar o averiar cualquier cosa que funcione con electricidad.<\/p>\n<p>En un momento, adem\u00e1s, en que el ser humano se dispone por primera vez a salir de la Tierra para vivir en la Luna o en Marte, ser capaces de predecir cu\u00e1ndo se producir\u00e1 una gran tormenta solar puede ser la diferencia entre la vida y la muerte para astronautas y colonos. Esa lecci\u00f3n fue aprendida en 1972, justo en el auge de las misiones lunares del programa Apolo. En agosto de ese a\u00f1o, una tormenta solar especialmente intensa azot\u00f3 el planeta. Si los astronautas hubieran estado en la Luna en ese momento, las consecuencias habr\u00edan sido fatales. Porque ni la Luna, ni tampoco Marte, cuentan con un escudo magn\u00e9tico natural. Por suerte, el Apolo 16 hab\u00eda regresado a tierra en abril de ese mismo a\u00f1o, y el Apolo 17 no fue lanzado hasta diciembre. La tormenta pill\u00f3 justo en medio, pues, de los dos vuelos espaciales.<\/p>\n<p>Est\u00e1 claro que a partir de ahora ya no podemos permitirnos el lujo de depender de una casualidad similar. Los vuelos, los viajes, las misiones, deben ser cuidadosamente planificadas, y el clima espacial es un factor muy a tener en cuenta. Del mismo modo, y desde el &#8216;susto&#8217; canadiense de 1989, los ingenieros se afanan por buscar soluciones que permitan, una vez detectada una gran tormenta solar, desconectar las centrales el\u00e9ctricas antes de que la nube destructora de part\u00edculas llegue a la Tierra, para volver a encenderlas cuando todo haya pasado. Cuando la pr\u00f3xima gran tormenta llegue, que llegar\u00e1, debemos estar lo mejor preparados posible.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Principios de marzo del a\u00f1o 1582. 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