Las científicas injustamente olvidadas del siglo XX

By 12/06/2020 Portal

El papel de las mujeres en la ciencia ha sido muchas veces invisible y su labor ha sido denostada y postergada al olvido, tan sólo unas pocas han entrado con todos los honores en el Olimpo de la Ciencia.

La historia de Marie Curie no necesita presentaciones, fue la primera mujer en recibir dos Premios Nobel, uno en 1903 –dos años después de que el galardón comenzará a entregarse- y otro ocho años después, en 1911. Pero quizás no sea tan conocido el hecho de que sólo otras nueve mujeres obtuvieron este premio, en categorías científicas, a lo largo del siglo veinte.

En el rincón de las olvidadas se han quedado muchas grandes científicas, por ejemplo, Jocelyn Bell (1943), la primera persona que observó un púlsar, cuando todavía era estudiante de doctorado. Por este descubrimiento su compañero Anthony Hewish recibiría el Nobel (1974).

Algo parecido le sucedió a Esther M Zimmer (1922-2006), la flamante microbióloga estadounidense que lideró algunas de las más importantes investigaciones en el campo de la genética, contribuyendo al entendimiento de cómo funcionan los genes. Su trabajo fue clave para que su esposo, Joshua Lederberg, consiguiera el Premio Nobel en 1958.

Del ADN a la ley de paridad
El nombre de los científicos Watson y Crick ha quedado indisolublemente ligado a la estructura de la molécula de ADN, su descubrimiento les valdría el premio de la academia sueca. En el camino de la indiferencia se quedó Rosalind Franklin (1920-1958), la científica que aportó la famosa fotografía 51, clave en el descubrimiento del “secreto de la vida” al intuirse con ella la estructura helicoidal.

Una de las integrantes del proyecto Manhattan fue la investigadora china-estadounidense Chien-Shiung Wu (1912-1997), de la que pocos han oído hablar. Esta física, junto con dos otros dos físicos teóricos, Tsung-Dao Lee y Chen Ning Yang, refutaron lo que se conoce como la ley de paridad.

La Academia de Estocolmo reconoció esta labor premiando a los dos varones en 1957, y olvidando que la participación de Wu –a la que se ha bautizado como “la Curie china”- fue decisiva.

La física nuclear tiene nombre femenino

Ida Tacke (1896-1978) fue una investigadora alemana que llegó a descubrir dos elementos químicos: el renio y el masurium, que más adelante se rebautizaría como tecnecio. Sin embargo, en los libros de química se atribuye el descubrimiento de este último elemento a Carlo Perrier y Emilio Segre, que fueron los primeros en crearlo artificialmente en el laboratorio. Tacke, además, fue la primera persona que planteó la hipótesis de la fisión nuclear (1934).

Lise Meitner (1878-1968) fue una científica austriaca con una mente envidiablemente amueblada, sus trabajos en física nuclear fueron decisivos para el descubrimiento de la fisión nuclear, lo cual abriría una ventana al desarrollo de la primera bomba atómica.

En 1907 se mudó a Berlín en donde conoció al químico Otto Hahn con el que trabajó estrechamente durante décadas, el científico acabaría recibiendo el Premio Nobel por sus trabajos sobre la fisión nuclear del uranio y del torio. Desgraciadamente, en la publicación se “le olvidó” añadir a Meitner como coautora, motivo por el cual el jurado de la Academia no se “acordó” de ella.

En 1964 la inglesa Dorothy Hodgkin (1910-1994) –una brillante cristalógrafa- recibió el Premio Nobel por mapear la estructura de la penicilina. Se podría decir que fue la primera persona que vio este antibiótico.

Sin embargo, los tabloides británicos le afearon el merecido galardón con titulares como “Ama de casa de Oxford gana un Nobel” o “Premio Nobel para una esposa británica”. Sobran los comentarios, es mejor cubrirlos con la fina capa de la indiferencia.

Pedro Gargantilla es médico internista del Hospital de El Escorial (Madrid) y autor de varios libros de divulgación