Las dos casualidades y un error de traducci贸n que llevaron a los edulcorantes

By 28/02/2021 Portal

El primer edulcorante artificial fue descubierto por el entonces estudiante ruso Constantin Fahlberg (1850-1912) en 1879. Mientras cenaba en la pensi贸n en la que viv铆a se percat贸 que el panecillo que estaba mordiendo ten铆a la corteza excepcionalmente dulce.

Despu茅s de sopesar diferentes posibilidades, descubri贸 que la raz贸n era muy sencilla, no se hab铆a lavado las manos despu茅s de abandonar el laboratorio en el que trabajaba y la impregnaci贸n de alg煤n compuesto qu铆mico hab铆a propiciado aquel sabor.

De vuelta al laboratorio, y tras realizar algunas pruebas, evidenci贸 que su origen estaba en una reacci贸n qu铆mica accidental, por aquel entonces estaba trabajando con alquitr谩n de hulla, un tipo de carb贸n, y hab铆a reaccionado el 谩cido o-sulfobenzoico con cloruro de f贸sforo y amon铆aco, produciendo sulf贸xido benzoico.

Fahlberg estuvo h谩bil y no tard贸 en solicitar una patente para aquella sustancia, lo cual le convirti贸 de la noche a la ma帽ana en millonario. De esta forma, la sacarina fue el primer edulcorante sint茅tico en ser comercializado.

Esa fue la cara amable del descubrimiento, la m谩s agria fue convertirse en enemigo declarado de Ira Remsen, su jefe de laboratorio. La raz贸n no era otra que ‘haberse olvidado’ de incluirle en el negocio comercial de la patente.

Este aspecto no era un tema balad铆, ya que Remsen era un cient铆fico muy influyente, lleg贸 a ser el primer presidente de la American Chemical Society y el segundo presidente de la John Hopkins University.

Los cigarrillos que sab铆an dulces
El siguiente edulcorante tard贸 varias d茅cadas en ver la luz. Apareci贸 en 1937, cuando un estudiante de la Universidad de Illinois, Michael Sveda (1912-1999), que estaba experimentando con ciclamato, observ贸 extra帽ado que cuando fumaba en el laboratorio los cigarrillos ten铆a un sabor dulz贸n, un hecho que no suced铆a cuando expel铆a el humo del tabaco fuera del trabajo.

El ciclamato se emple贸 inicialmente para atemperar algunos f谩rmacos amargos, como barbit煤ricos y antibi贸ticos, y como sustituto del az煤car en los pacientes diab茅ticos.

La mejor indicaci贸n lleg贸 un poco m谩s adelante, cuando se descubri贸 que eliminaba el retrogusto met谩lico que produc铆a la sacarina, por lo que una mezcla de ambos (diez partes de ciclamato y una de sacarina) acab贸 siendo el edulcorante predilecto para muchos fabricantes de refrescos.

Lo importante que es saber idiomas
El tercer edulcorante de nuestra historia, el aspartamo, fue descubierto en 1965 cuando James M Schlatter, un qu铆mico que estudiaba los efectos de un f谩rmaco antiulceroso, derram贸 fortuitamente una peque帽a cantidad de la sustancia sobre su mano. En lugar de limpiarse, se relami贸 los dedos, descubriendo que ten铆an un sabor acaramelado.

Se trataba de un polvo blanco, cristalino, carente de olor y que se metabolizaba en dos amino谩cidos, la fenilalanina y el 谩cido asp谩rtico. A pesar de sus bondades edulcorantes, tiempo despu茅s algunos cient铆ficos pusieron el acento en algunos de sus peligros potenciales, en especial la neurotoxicidad y los efectos cancer铆genos.

Hasta ahora hemos visto como la serendipia ha jugado un papel fundamental en el descubrimiento de los edulcorantes. En el caso de nuestro 煤ltimo protagonista, la sucralosa, podr铆amos decir que estamos ante la historia de un accidente.

A mediados de los setenta un estudiante hind煤, Shashikant Phadnis, trabajaba en el King麓s College de Londres buscando nuevas mol茅culas a partir de la sacarosa con la intenci贸n de potenciar su sabor.

En cierta fase del estudio recibi贸 la orden de su jefe (Leslie Hough) de 芦test it禄 (exam铆nalo) pero el estudiante, que todav铆a no dominaba correctamente la lengua de Shakespeare, entendi贸 芦taste it禄 (sabor茅alo). Eso fue precisamente lo que hizo.

Afortunadamente para Phadnis la sustancia en cuesti贸n, sucralosa, no era t贸xica y ten铆a un sabor dulz贸n, entre 320 y 1.000 veces m谩s dulce que la sacarosa, por lo que el traspi茅 le alegr贸 la ma帽ana. Estudios posteriores demostraron que esta mol茅cula, a la que

finalmente se acab贸 bautizando como triclorosacarosa, ten铆a otros beneficios adicionales, entre ellos no propiciar la aparici贸n de caries y no suponer un aporte cal贸rico adicional.

M. Jara

Pedro Gargantilla es m茅dico internista del Hospital de El Escorial (Madrid) y autor de varios libros de divulgaci贸n.