Las sepias más inteligentes superan la ‘prueba del malvavisco’

By 03/03/2021 Portal

La prueba del malvavisco de la Universidad de Stanford es de sobra conocida. En el experimento, se ofrecía a unos niños un premio inmediato, una golosina, pero se les advertía de que si no se la comían y esperaban un poco, unos quince minutos, obtendrían un premio mayor, dos golosinas. En estudios posteriores los investigadores encontraron que a los pequeños que eran capaces de esperar más por el premio les iba mejor en la vida en diferentes aspectos. Pues a las sepias les pasa lo mismo.

Las sepias (Sepia officianalis) son unas criaturas fascinantes, raras a más no poder, con cerebros complejos y que han demostrado tener buena memoria. No es extraño que los investigadores se interesen en ellas. Un nuevo estudio que se publica esta semana en ‘Proceedings of the Royal Society B’ demuestra que estos cefalópodos pueden retrasar la gratificación y esperar a una mejor comida en lugar de dejarse tentar por la que está a mano. Como ocurre con los niños del experimento del malvavisco, a aquellas que pueden esperar más tiempo también les va bastante bien en la vida. Al menos, obtienen mejores resultados en las pruebas de aprendizaje.

Autocontrol e inteligencia
Este intrigante informe, llevado a cabo en el Laboratorio de Biología Marina (MBL) en Woods Hole (Massachusetts, EE.UU.), marca la primera vez que se encuentra un vínculo entre el autocontrol y la inteligencia en un animal distinto de los humanos y los chimpancés. «Las sepias pudieron esperar la mejor recompensa y toleraron retrasos de hasta 50-130 segundos, lo que es comparable a lo que vemos en vertebrados de cerebro grande como chimpancés, cuervos y loros», explica Roger Hanlon, un destacado experto en el comportamiento de los cefalópodos y coautor principal del artículo.

Las sepias que podían esperar más tiempo para comer también mostraron un mejor rendimiento cognitivo en una tarea de aprendizaje. En ese experimento, se entrenó a las sepias para asociar una señal visual con una recompensa de comida. Luego, la situación se invirtió, por lo que la recompensa se asoció con una señal diferente. «Las sepias que fueron más rápidas en aprender ambas asociaciones fueron mejores para ejercer el autocontrol», dice la autora principal del estudio, Alexandra Schnell, de la Universidad de Cambridge.

Un ejemplar de sepia común

Roger Hanlon
Consecuencia del camuflaje
Por qué la sepia ha desarrollado esta capacidad de autocontrol es un poco misterioso. Se cree que la gratificación retrasada en los seres humanos fortalece los lazos sociales entre los individuos, como esperar a comer para que la pareja pueda hacerlo primero, lo que beneficia a la especie en su conjunto. También puede ser una función de los animales constructores de herramientas, que necesitan esperar para cazar mientras construyen la herramienta.

Pero la sepia no es una especie social y no construye herramientas. En cambio, sugieren los autores, la gratificación retrasada puede ser un subproducto de su necesidad de camuflarse para sobrevivir.

«Las sepias pasan la mayor parte de su tiempo camuflándose, sentadas y esperando, interrumpidas por breves períodos de búsqueda de alimento», apunta Schnell. «Rompen el camuflaje cuando se alimentan, por lo que están expuestas a todos los depredadores en el océano que quieren comerlas. Especulamos que la gratificación retrasada puede haber evolucionado como un subproducto de esto, por lo que la sepia puede optimizar la búsqueda de alimento esperando para elegir mejor calidad comida».

Encontrar este vínculo entre el autocontrol y el rendimiento del aprendizaje en una especie fuera del linaje de los primates es un ejemplo extremo de evolución convergente, donde historias evolutivas completamente diferentes han llevado a la misma característica cognitiva.