Los bebés neandertales ya nacían con un potente tórax

By 07/10/2020 Portal

Los bebés neandertales ya llegaban al mundo con una potente caja torácica, diferente de la de nuestros recién nacidos. Un estudio de investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH) muestra que los individuos de esa especie humana tenían desde el nacimiento un tórax amplio en forma de barril, capaz de sostener el alto gasto energético de un cuerpo grande y ancho. Esto implica que esta característica, propia de esos homínidos extintos, estaría determinada genéticamente y no sería fruto del desarrollo. Los investigadores, que publican su estudio en la revista «Science Advances», creen que fue heredada de especies anteriores, como Homo erectus.

En comparación con el tórax de los humanos modernos, el de los neandertales adultos era más corto, ligeramente más profundo y mucho más ancho. Estas características anatómicas están relacionadas con su cuerpo achaparrado y fortachón, de pelvis ancha, huesos robustos y gran musculatura que hoy los haría muy llamativos si los descubriéramos en el vagón del metro. También tendría relación con las exigencias del metabolismo de estos cazadores-recolectores, que necesitaban gran cantidad de energía y oxígeno. Famosas son sus narices grandes y anchas. Sin embargo, hasta ahora se desconocía si estas diferencias se establecían al nacer, es decir, eran genéticas, o aparecían más tarde durante su desarrollo.

Para profundizar en esta cuestión, Daniel García Martínez, autor principal del estudio y paleontólogo del CENIEH, junto con un equipo internacional de expertos, ha utilizado herramientas de reconstrucción virtual y morfometría para reproducir, por primera vez, la forma del tórax de cuatro jovencísimos neandertales que se estima que tenían entre 1 y 2 semanas de edad, menos de 4 meses, un año y medio y dos años y medio. Los restos de esos pequeños proceden de Mezmaiskaya 1 (Rusia), Le Moustier 2 y Roc de Marsal (Francia), y Dederiyeh 1 (Kurdistan Sirio).

El trabajo fue arduo, ya que, como explica Asier Gómez-Olivencia, de la Universidad del País Vasco y coautor del artículo, «las costillas y las vértebras normalmente aparecen muy fragmentadas en el registro fósil, lo que tradicionalmente ha hecho muy difícil su estudio».

Influencia de una especie anterior
«Nuestros resultados indican que la caja torácica de los recién nacidos neandertales ya presentaba diferencias con nuestra especie. Era más profunda, corta y ancha que las de los humanos modernos, como se aprecia también en los adultos», afirma el investigador del CENIEH. Para el equipo, esto concuerda con el conocimiento previo de que los neonatos neandertales también veían la luz con un cerebro y una mandíbula diferentes, rasgos igualmente determinados genéticamente. Esto implica que las diferencias entre las distintas especies humanas ya están presentes desde el nacimiento, acentuándose solo un poco durante el crecimiento de sus individuos, explican los investigadores en un comunicado.

Sin embargo, las semejanzas de los neandertales respecto a la forma y desarrollo del tórax de otras especies humanas, como Homo erectus, hace pensar a los investigadores que su fisonomía achaparrada no sería solo fruto de una herencia genética transmitida de padres a hijos, sino que podría ser heredada a nivel evolutivo. «Esta morfología representa una condición arcaica compartida con Homo erectus, y probablemente esté relacionada con grandes requerimientos energéticos, ya que los neandertales infantiles también tienen una apertura nasal de gran tamaño», señala en la misma nota Markus Bastir, segundo autor e investigador del Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid (MNCN-CSIC).

Los investigadores seguirán con sus estudios ya que, reconoce García Martínez, «aún queda mucho por recorrer en el estudio de la evolución del tórax humano».