Los misteriosos denisovanos llegaron hasta el Tíbet

By 29/10/2020 Portal

Los denisovanos son unos misteriosos parientes de los neandertales de los que sabemos muy poco. Fueron identificados hace una década gracias al ADN de unos escasos restos -apenas una falange de dedo meñique y tres dientes- descubiertos en una cueva de las montañas de Altái, en Siberia. Durante mucho tiempo, eso era todo lo que teníamos de estos homínidos extintos, hasta que el pasado año fue dado a conocer el análisis de una mandíbula inferior de 160.000 años de antigüedad hallada originalmente en la cueva Karst Baishiya de Xiahe, China. El estudio de un solo aminoácido apuntaba a que el fósil pertenecía a un miembro de esa esquiva especie, pero no era suficientemente concluyente.

Karst de Baishiya, en la meseta tibetana – Charles Perreault

Ahora, los investigadores tienen buenas razones para creer, sin lugar a dudas, que los denisovanos ocuparon esa cueva de piedra caliza en el Tibet. Un equipo internacional ha recuperado ADN mitocondrial de esta especie en los sedimentos de Karst Baishiya, en el lado noreste de la meseta tibetana, a 3.280 metros sobre el nivel del mar. El material genético data de hace 100.000 a 60.000 años, y también es posible que sea tan reciente como 45.000. De ser cierto, esta última fecha puede coincidir con la presencia de humanos anatómicamente modernos, sapiens como nosotros, en el noreste de Asia central.

«Cuando comenzamos a desarrollar este proyecto hace unos diez años, ninguno de nosotros esperaba que la cueva Baishya fuera un sitio tan rico», reconoce Charles Perreault, del Instituto de Orígenes Humanos de la Universidad Estatal de Arizona (EE.UU.). «Apenas hemos arañado la superficie: tres pequeñas unidades de excavación han producido cientos de herramientas de piedra, fauna y ADN antiguo. Queda mucho por hacer». afirma.

Adaptación a la altura
Como explican los investigadores en la revista «Science», se trata de la primera vez que se recupera ADN denisovano de una ubicación fuera de la cueva Denisova en Siberia. Y hacerlo en la meseta tibetana es en sí mismo sorprendente. La evidencia de homínidos arcaicos a 2.000 metros sobre el nivel del mar es inusual. La vida ahí es dura por muchas razones, incluido el aire enrarecido. Los humanos pueden padecer el mal de altura en cualquier lugar por encima de los 2.500 metros sobre el nivel del mar. Esto sugiere que los denisovanos pudieron haber desarrollado adaptaciones a la altura, al igual que los tibetanos modernos.

Las fechas de los sedimentos con ADN mitocondrial, junto con la mandíbula de Xiahe, sugieren que los denisovanos han estado en la meseta quizás de forma continua durante decenas de miles de años, más que suficiente para que surjan adaptaciones genéticas.

Cruces entre especies
Obtener muestras de ADN de ubicaciones geográficas fuera de Siberia también es importante para comprender la diversidad genética y la estructura de la población y la historia del grupo denisovano en su conjunto. Los investigadores sospechan que los denisovanos estaban muy extendidos en Asia, basándose en la señal genómica de esta especie, con la que nos cruzamos (como también lo hicimos con los neandertales), generalizada entre los asiáticos actuales.

Los resultados de los estudios indican que los primeros humanos modernos coexistieron en Asia con otras especies de homínidos arcaicos y también se cruzaron con ellos. De hecho, existe evidencia de que las adaptaciones genéticas a las grandes alturas en los tibetanos actuales provienen de los denisovanos. Si se confirma, este es un gran ejemplo de cómo la mezcla con poblaciones arcaicas locales ha moldeado y ayudado a la propagación de los humanos modernos por todo el mundo. En este caso, nos permitió colonizar la meseta tibetana quizás más rápido de lo que hubiéramos podido de otra manera.

«La cueva de Baishiya es un sitio extraordinario que tiene un enorme potencial para comprender los orígenes humanos en Asia», dice Charles Perreault. «El trabajo futuro en la cueva de Baishiya puede darnos un acceso verdaderamente único al comportamiento de los denisovanos y solidifica la imagen que está surgiendo, que es que los denisovanos, como los neandertales, no eran meros vástagos del árbol genealógico humano, eran parte de una red de poblaciones ahora extintas que contribuyeron al acervo genético humano actual y dieron forma a la evolución de nuestra especie de maneras que apenas estamos empezando a comprender».

Casquete encontrado en el valle de Salkhit en el este de Mongolia, perteneciente a una mujer que vivió hace 34.000 años – Instituto de Arqueología, Academia de Ciencias de Mongolia
Una mujer con herencia denisovana
En 2006, unos mineros descubrieron un casquete de homínido con características morfológicas peculiares en el valle de Salkhit, en el este de Mongolia. Inicialmente fue conocido como Mongolanthropus y se pensó que era un neandertal o incluso un Homo erectus. Ahora, el ADN antiguo extraído del casquete muestra que pertenecía a una mujer humana moderna, una sapiens, que vivió hace 34.000 años y estaba más relacionada con los asiáticos que con los europeos. Las comparaciones con el único otro individuo de Asia oriental temprano estudiado genéticamente hasta la fecha, un hombre de 40.000 años de la cueva de Tianyuan en las afueras de Pekín (China), indican que los dos individuos están relacionados entre sí. Según explican en un segundo estudio publicado este jueves en «Science», sus genomas contienen no solo ADN neandertal, sino también ADN de denisovanos. «Es fascinante ver que los antepasados de los humanos más antiguos del este de Asia de los que hemos podido obtener datos genéticos ya se habían mezclado con los denisovanos, una forma extinta de homínidos que ha contribuido a la ascendencia de las poblaciones actuales de Asia y Oceanía», dice Byambaa Gunchinsuren, investigador del Instituto de Arqueología de la Academia de Ciencias de Mongolia. A su juicio, «esta es una evidencia directa de que los denisovanos y los humanos modernos se conocieron y se mezclaron hace más de 40.000 años».