«Mens sana in corpore sano»: los científicos que amaron el deporte

By 26/12/2020 Portal

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Mens sana in corpore sano
». Así al menos lo han creído muchos científicos a lo largo de la historia. Entre ellos se encuentra el matrimonio Curie que dedicó el dinero que les dio uno de sus primos, como regalo de boda, para comprarse dos bicicletas. Con ellas hicieron el tour de su luna de miel en julio de 1895 por la Bretaña francesa.

La experiencia no debió desagradarles lo más mínimo, porque en el verano siguiente repitieron experiencia «a bordo» de sus flamantes velocípedos, esta vez por el interior del país galo.

Fuera ya de las vacaciones estivales dedicaban una vez a la semana a recorrer, al menos, doce kilómetros en dos ruedas, la distancia que los separaba de la vivienda de los padres de Pierre.

Marie anotaba de forma minuciosa en un libro de cuentas todos los gastos familiares, en él hay una columna dedicada al ciclismo y que supone una cuantía considerable. Era el dispendio dedicado a comprar la ropa adecuada, a los recambios y a pagar el impuesto anual de bicicleta, ya que en aquellos momentos se consideraba un bien de lujo.

De la maratón al culturismo
El matemático Alan Turing disfrutó de un deporte muy distinto y en el que pudo haber sido profesional, la maratón. Su mejor marca quedó a tan sólo once minutos del deportista que consiguió la medalla de oro de los Juegos Olímpicos de Londres (1948) en esta disciplina. Además, ese mismo año superó, en una carrera campo a través, al atleta que quedó en segunda posición, Tom Richards.

Según se ha podido saber a través de sus diarios trataba de correr diariamente treinta y dos kilómetros, una distancia que se redujo a cero cuando en 1950 una lesión crónica en la rodilla le obligó a suspender definitivamente sus entrenamientos.

Se cuenta, y esto queda a caballo entre la realidad y la leyenda, que el precursor de la informática moderna emitía un característico e inimitable gruñido mientras corría.

El astrónomo que le daba a los guantes
También hemos tenido grandes deportistas entre nuestros científicos. Merece una mención especial Santiago Ramón y Cajal. Al parecer todo empezó durante su juventud, cuando fue humillado por un amigo suyo al vencerle en un pulso. Fue el sinsabor de la derrota el que le impulsó a inscribirse en un gimnasio de la Plaza del Pilar (Zaragoza) y el comienzo de una prometedora carrera en el culturismo.

Tiempo después, en su libro «Recuerdos de mi vida», lo rememoraría describiéndose a sí mismo como: «Ancho de espaldas, con pectorales monstruosos, mi circunferencia torácica excedía de ciento doce centímetros y al andar mostraba esa inelegancia y contorneo rítmico característico del Hércules de Feria».

En tierras danesas los hermanos Bohr, Harald y Niels, jugaron al fútbol en el equipo de la Real Academia de Ciencias y Letras –el conocido como AB de Copenhague- que fundó el padre de ambos. Niels, el futuro Premio Nobel, lo hacía de portero y su hermano, mucho más hábil con el balón, lo hacía en el centro del campo.

Harald, además, formó parte de la selección danesa que en los Juegos Olímpicos de Londres (1908) eliminó a Francia en semifinales con un histórico 17-1. La mayor derrota futbolística de toda la historia de los Juegos Olímpicos. Esa hazaña lo convirtió en un héroe nacional, hasta el punto que el día que leyó su tesis doctoral había más futboleros que matemáticos en el aula.

El astrónomo Edwin Hubble estuvo a un tris de no abrazar la astronomía y dedicarse a una de las actividades que mejor sabía hacer, boxear. Este científico fue una verdadera promesa dentro de los pesos pesados, pero afortunadamente, al menos para la Ciencia, eligió el camino adecuado. ¿No creen?

M. Jara

Pedro Gargantilla es médico internista del Hospital de El Escorial (Madrid) y autor de varios libros de divulgación