Un laboratorio español que investiga sobre coronavirus tiene que recurrir al ‘crowdfunding’ para sobrevivir

By 20/03/2021 Portal

El laboratorio de neurovirología dirigido por José Antonio López-Guerrero, dependiente del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa (CSIC-UAM), era una rara avis: además de la financiación pública, contaba con los fondos de capital privado invertidos por una empresa canaria con la que se pagaban los sueldos de dos investigadoras predoctorales. Cuando el Sars-Cov-2 irrumpe en las vidas humanas, sus integrantes, un equipo de cuatro personas, deciden sumar a la línea de estudio principal (que versaba en la relación entre el herpes labial y las enfermedades neurodegenerativas) otra vía de investigación sobre viricidas y antivirales para hacer frente a la amenaza inmediata del coronavirus.

«En menos de un año tenemos un estudio para publicar, dos participaciones en patentes y una tesis doctoral», explica López-Guerrero. Pero este esfuerzo no ha sido suficiente. A finales del año pasado la empresa canaria entraba en concurso de acreedores y retiraba la financiación («después de hablar con ellos, entendimos totalmente su decisión», matiza el investigador). Con
el resto de presupuesto no les da para mantener a los cuatro miembros del equipo (él y su compañera y directora científica Raquel Bello-Morales; y las dos investigadoras predoctorales Inés Ripa y Sabina Andreu) y, a duras penas, la viabilidad del laboratorio. Así que ante situaciones complicadas, igual que en ciencia, se buscan soluciones originales y nuevas perspectivas. Por eso decidieron hacer partícipe a la sociedad entera y crear un ‘crowdfunding’ o una iniciativa de micromecenazgo para intentar salvar entre todos su laboratorio.

El objetivo está marcado en 230.000 euros para conseguir mantener los costes de laboratorio y personal durante tres años en los prevén llevar a cabo su Proyecto NeuroCovid, «orientado hacia la caracterización de la potencial actividad antiviral y viricida de diferentes compuestos frente a coronavirus humanos. Además, se estudiarán los mecanismos de acción de los compuestos con actividad antiviral sobre el ciclo viral de los HCoVs. Es decir, qué fase del ciclo viral se ve afectada por dichos compuestos».

Aunque pueda parecer mucho dinero, de forma desgranada los conceptos se ven diferentes: se piden 120.000 euros para mantener durante tres años dos contratos predoctorales a razón de 20.000 euros al año por persona; 40.000 euros para equipos y laboratorio; 60.000 para fungibles, como enzimas, sueros, virus o células, necesarios para los experimentos; y 10.000 euros para publicaciones y congresos científicos -sabiendo que cada publicación cuesta unos 2.000 euros-. La ciencia no es precisamente barata.

Situación límite
«Desde finales del año pasado llevamos intentando sobrevivir como podemos, buscando financiación de forma desesperada para que estas dos brillantes mentes no tengan que irse a buscar trabajo fuera cuando pueden hacer una gran labor por la ciencia en nuestro país», indica el jefe del laboratorio explicando que han conseguido alargar unos meses más los contratos de estas investigadoras, a pesar de que una de ellas incluso recibió la certificación del fin del contrato. «Pensemos que todos estos investigadores acceden a unas becas y proyectos desde la universidad con unas notas sobresalientes, como mis compañeras. Después se ponen a trabajar jornadas maratonianas de 12 y 14 horas durante años recibiendo apenas 1.000 euros. Y el futuro no pinta mejor, pues a lo mejor tras sacar la tesis puedes llegar a los 1.500 o 1.600 euros. Y sin apenas estabilidad».

La situación de la ciencia en España nunca ha sido precisamente un camino de rosas: su máximo histórico se situó en el 1,4% del PIB en 2010, unos niveles que cayeron tras la crisis en dos décimas, muy lejos del 2% de media en Europa y en las antípodas del 3% que pide la UE. A principios de marzo, el ministro de Ciencia, Innovación y Universidades, Pedro Duque, presentó la nueva Estrategia Española de Ciencia, Tecnología e Innovación 2021-2027, en la que se compromete a alcanzar el 2,12% para dentro de seis años. Una promesa que es acogida con excepticismo por la comunidad científica.

«Circula la leyenda urbana de que existe un ministro de Universidades, pero yo no le he visto», afirma con ironía López Guerrero. «Pero el ministro de Ciencia, que a veces sí aparece, muestra muy buenas intenciones. Solo espero que ese 2% sea de ayudas reales, ayudas directas, y que vayan a parar directamente a los grupos de investigación, ni a edificios ni a créditos para los investigadores, que tienen que pedir dinero para desarrollar su trabajo». A pesar de lo que pueda parecer, y teniendo en marcha una línea de investigación en viricidas y antivirales, afirma que la pandemia no ha sido un revulsivo para la ciencia: «Para ciertos grupos ha supuesto una especie de oasis. Pero para el resto, nosotros incluidos, ha sido un mazazo, porque lo primero que se cerraron y lo último en abrir fueron las universidades».

El investigador, que explica que la iniciativa se está llevando a cabo a través de la Fundación de la Universidad Autónoma de Madrid (FUAM), se muestra esperanzado con su idea, aunque bastante pesimista con el futuro de la ciencia en España. «Aunque sean frases tópicas, un país rico no es el que investiga, sino que la nación que investiga consigue riqueza; y sin ciencia, ciertamente no hay futuro. Yo solo pido que los políticos no se enzarcen en luchas bizantinas con otros temas y presten atención a lo que realmente importa».