Un meteorito gigante se incrustó en la Antártida hace 430.000 años

By 03/04/2021 Portal

Se estima que unas 100 toneladas de material espacial entra en la atmósfera terrestre a diario. La gran mayoría acaba desintegrado por el roce de la caída, si bien algunos trozos más grandes consiguen sobrevivir (un reciente estudio afirma que unas 16 toneladas anuales). Estos son los meteoritos, que pueden ser fragmentos de cometas, asteroides, polvo interplanetario o incluso material procedente de la Luna o de Marte. Pero encontrarlos es complicado: la mayoría se hallan en zonas desérticas porque son lugares donde se pueden localizar a simple vista y permanecen casi inalterables durante miles de años. Por ello, en la Antártida -que es un gran desierto helado- se han encontrado el 70% de todos los meteoritos de los que tenemos constancia. Y ahora un equipo internacional acaba de encontrar evidencias de uno nuevo y bastante grande que se incrustó en esta zona hace 430.000 años.

El grupo de investigadores dirigido por Matthias van Ginneken, de la Facultad de Ciencias Físicas de la Universidad de Kent, se fijó en un ‘exótico’ componente de una rocas recuperadas de la cima de Walnumfjellet, dentro de las montañas Sør Rondane, en la Antártida Oriental, en una expedición en 2018. Estas piedras presentaban una especie de ‘moteado’ extraño del que luego se supo que, en realidad, cada ‘mota’ era una ‘esférula’ o un pequeño fragmento de un meteorito que en el roce con la atmósfera terrestre se derritió, esparciéndose a modo de chorro por toda la zona. Como una suerte de ‘spray’ que acabó fundido junto con la roca del lugar. Y, debido al amplio espectro donde se encontraron estas esférulas, los investigadores creen que el tamaño del asteroide del que provenían era de, al menos, 100 metros de diámetro.

Los investigadores cuentan en el estudio que acaba de publicarse en la revista ‘Scientific Reports’ que supieron que el origen de esas esférulas era extraterrestre por su composición (por ejemplo, su concentración de condritas, la química de los oligoelementos y su alto contenido en níquel). Además, «sus firmas isotópicas de oxígeno, que son únicas, indican que interactuaron con el oxígeno derivado de la capa de hielo antártica después de su impacto», afirman.

Una explosión más grande que la de Tunguska
Según cuentan los autores, el meteorito causó una explosión intermedia: más grande que un estallido en el aire (como ocurrió en los eventos de Tunguska y Chelyabinsk sobre Rusia en 1908 y 2013, respectivamente) pero menor que la que se produce por un meteorito de impacto (como el que mató a los dinosaurios y creó el cráter de Chicxulub). Los investigadores señalan que este tipo de explosiones son extraños de hallar, sobre todo por la dificultad de encontrar materiales que sean una prueba de este tipo de impactos.

Además indican que es importante «reevaluar la amenaza de este tipo de fenómenos», porque es probable que otros eventos futuros similares puedan provocar esta ‘lluvia’ de meteoritos fundidos. «Y eso destruiría por completo un área muy grande», alertan. «Estudios futuros deberían centrarse en la identificación de eventos similares en diferentes objetivos, como fondos oceánicos rocosos o poco profundos, ya que la capa de hielo antártica solo cubre el 9% de la superficie terrestre -señala Van Ginneken-. Si bien los meteoritos que caen sobre la Antártida no amenazan la actividad humana, si tuviera lugar un fenómeno similar sobre un área densamente poblada, provocaría millones de víctimas y daños graves en distancias de hasta cientos de kilómetros».