Lo desconocido asusta y excita, y entre esas dos emociones navegan los humanos y sus sociedades. La mayoría, conservadora, prefiere permanecer en el entorno conocido, pero con frecuencia acaba arrastrada por esos pocos aventureros que sienten la llamada de la frontera. Con el tiempo, cuando triunfa, la opción revolucionaria se convierte en algo que las nuevas generaciones desean conservar, y los que apostaron por la excitación reciben honores, también de los asustadizos.