Cova Gran, la bóveda natural a los pies de los Pirineos que guarda los secretos de los primeros hombres

En la comarca leridana de La Noguera, justo a los pies de los Pirineos, llama la atención en el paisaje una cueva enorme, si bien poco profunda, escarbada en la roca. Como si alguien hubiese metido una mano gigantesca en la montaña y hubiese arrancado un pedazo. Es Cova Gran de Santa Linya . Esta formación que invita a hacer un alto en el camino o a ser el refugio perfecto en un día de lluvia, lleva acogiendo historias desde hace no siglos, sino milenios. Porque quien estuvo allí, desde neandertales a sapiens, incluidos los primeros agricultores y pastores, han dejado su rastro durante los últimos 50.000 años en forma de herramientas, de carbón e incluso con su propio cuerpo inerte. Y ahora, los hombres del Antropoceno están empeñadas en rescatarlos. Desde la década del 2000, investigadores del Centro de Estudios del patrimonio Arqueológico de la Universidad Autónoma de Barcelona (CEPARQ-UAB) y del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH) colaboran en las excavaciones. En aquella visera natural se han encontrado numerosos objetos: desde decenas de herramientas de piedra y sílex, a puntas de jabalina de hueso. Incluso una roca con un grabado de la cueva y una cabra extinta del Paleolítico Superior . Pero la sorpresa llegó cuando en 2020, en una zona poco prometedora a priori, se hallaron unos huesos que parecían pertenecer a una mano humana. Eran de Linya , una mujer que fue enterrada allí hace unos 14.000 años. Y parecía haber sido enterrada de forma intencionada allí, al abrigo de la Cova Gran, en un agujero natural del suelo. «Fue una sorpresa», rememora en charla telefónica con ABC Jorge Martínez-Moreno, investigador del CEPARQ. «No se trata de un esqueleto completo, sino que solo hemos encontrado huesos de las extremidades -un fémur conectado con la pelvis les dio la pista para saber que se trataba, en efecto, de una mujer- y la columna vertebral y las costillas muy mal representadas. De momento, no han aparecido ni el cráneo ni la mandíbula», explica. Análisis posteriores han revelado que se trataba de una homo sapiens de entre 17 y 20 años, de tamaño pequeño y que, según las pruebas del carbono 14, vivió hace entre 14.400 y 13.500 años, en el final del Paleolítico Superior. «Los huesos también nos indican que estaba hipermusculada, seguramente por el tipo de vida activa que llevaba -indica Martínez-Moreno-. Lo que no sabemos es la causa de la muerte». Nuevas técnicas para lugares antiguos Para averiguar más datos sobre Linya, esta campaña se han llevado a cabo varias técnicas de estudio del lugar, incluidos estudios estratigráficos, analizando los procesos que fueron acumulando el sedimento; técnicas 3D de fotogrametría a fin de estudiar la geometría de los estratos; escáneres láser y drones con GPS muy precisos para modelizar en 3D el yacimiento, así como fotogrametría terrestre para recrear la excavación donde se halló a Linya. «Estos modelos 3D se están procesando a alta resolución en el Laboratorio de Cartografía digital y Análisis 3D del CENIEH, y van a ser fundamentales para hacer la reconstrucción virtual de cómo era el terreno donde yació esta mujer sapiens», explica Alfonso Benito Calvo, investigador del CENIEH. Además, se está llevando a cabo un análisis paleogenético como el llevado a cabo en la cueva de Malalmuerzo (Granada), que arrojará aún más luz sobre la vida de Linya y sus posibles conexiones con otros restos encontrados. El equipo, además, está ampliando el sitio de excavación para buscar más posibles restos humanos. «En la próxima campaña llegaremos a los dos metros de profundidad, a la altura de donde hallamos el cuerpo de la sapiens y podremos ver si hay algo más», incide. Una cueva con ‘truco’ Cova Gran ha desconcertado a los científicos desde que se empezaron a encontrar los primeros restos. Normalmente, los yacimientos están estratificados, y cada ‘capa’ del suelo corresponde a un periodo: lo más nuevo en los estratos superiores; lo más antiguo debajo de estos. No es así aquí: «Nos hemos encontrado restos de hace 40.000 años en estratos mucho más recientes», dice Martínez-Moreno. Al parecer, cerca de la cueva discurría un río, ahora seco, que en su día incluso llegó a crear un cañón. «De vez en cuando, ese río tenía crecidas y se metía dentro de la cueva, arrastrando materiales a su paso», explica el investigador. MÁS INFORMACIÓN noticia No El James Webb muestra lo nunca visto: así es la impresionante Nebulosa de los Anillos del Sur noticia No Un misterioso collar hallado en la tumba de una niña muerta hace 9.000 años podría reescribir la Edad de Piedra No sería la única particularidad de la formación. El hecho de ser una especie de ‘visera’ natural provoca que muchos sedimentos del techo se desprendan, alterando también el paisaje. Además, los restos encontrados, como restos de carbón originados por pequeñas hogueras creadas, seguramente, para pasar una noche y seguir la marcha, indican que Cova Gran no fue un sitio de campamentos duraderos, sino una zona de paso. Algo muy diferente al yacimiento de Roca dels Bous , a apenas una docena de kilómetros de allí, donde pese a ser un lugar mucho más pequeño, se han hallado indicios de fuegos alimentados varias veces, señal de permanencia más duradera. «Todavía estamos intentando comprender cómo funciona la cueva, porque es realmente particular», concluye Martínez-Moreno.