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Entrevista completa de CILAC a Diego Golombek

En esta ocasión, CILAC entrevistó a Diego Golombek, premio UNESCO Kalinga de Popularización de la Ciencia 2015, otorgado en el marco del Foro Mundial de la Ciencia de ese año en Budapest.

Como nos dice su perfil de wikipedia, heredó en gran medida la pasión científica de su padre, que era físico, lo que lo llevó a estudiar biología en la Universidad de Buenos Aires. Más allá de sus reconocidos trabajos de investigación, Diego es un científico conocido principalmente por su tarea de divulgación científica en Argentina, motivo por el que ganó el premio Konex 2007 y nuevamente en 2017, esta vez el Konex de Platino.​ Entre sus actividades como divulgador se destaca su participación en el programa “Científicos Industria Argentina” y la edición de la colección de libros “Ciencia que ladra…” que cuenta con el libro más vendido en Argentina con más de 500.000 ejemplares.​ También fue asesor científico del programa de Discovery Channel, “La Fábrica”.​ Además, fue conductor del programa Proyecto G en el canal Encuentro de Argentina.

1) En la primera edición del Foro CILAC, en 2016, usted sostuvo que se trata de una iniciativa que es fundamental y que es preciso mantener. ¿Por qué esta afirmación? ¿Cuál es, en su opinión, el rol de CILAC en la región?
Los países de América Latina y el Caribe no se caracterizan en general por un sistema científico-tecnológico verdaderamente maduro y que, además de generar conocimiento genuino, tenga incidencia sobre las políticas públicas de la región. Estos ambiciosos objetivos solo son posibles en un marco colaborativo, que a su vez depende de contar con espacios de debate para compartir experiencias y planear colaboraciones. CILAC puede constituirse precisamente en ese espacio.

2) En las sociedades contemporáneas, el rol del conocimiento científico es cada vez más relevante y estratégico. En su perspectiva, tanto desde su rol como científico como en su vocación de divulgador de la ciencia, ¿cómo puede el conocimiento científico contribuir a superar los grandes flagelos de América Latina y el Caribe, en especial las desigualdades?

Recordemos ante todo que la ciencia es una forma de comprender la realidad, racional, experimental (en particular en lo que se refiere a las ciencias naturales) y desprovisto de mitologías y del principio de autoridad. Es en ese marco que se puede obtener el conocimiento necesario como para eventualmente encontrar aplicaciones y soluciones a problemáticas locales y regionales. Cuando las naciones vean en la ciencia y los científicos aliados para pensar el mundo y planificar líneas de acción, así como cuando los científicos comprendamos que una parte de nuestro rol es claramente social (incluyendo la difusión del conocimiento), estaremos todos del mismo lado como para identificar las problemáticas prioritarias y los desarrollos requeridos para enfrentarlas.

3) En su último libro, “Un autre science est possible!” la belga Isabelle Stengers aboga por lo que ella denomina “la inteligencia pública de las ciencias”. ¿Cuál es, en su opinión, el valor potencial de una ciudadanía que incorpore el espíritu científico en la vida cotidiana?

Hay muchos valores, potenciales y reales. Por un lado, contagiar la mirada científica del mundo es ya un valor de por sí  – posiblemente se trate de la mayor de las invenciones humanas. Pero también colabora con la toma de decisiones más racionales, con una búsqueda indagatoria y poco conformista en la naturaleza, con miradas y pensamientos críticos frente a las imposiciones sociales e, incluso, con una menor influencia de los prejuicios a la hora de relacionarnos socialmente.

4) Si se instalara un Foro Regional Permanente de Ministros de Ciencia y Tecnología en LAC, ¿cuáles serían las primeras tres alertas o recomendaciones que usted considera que deberían tomar en cuenta en el diseño de políticas científicas?

La primera sería que los sistemas de CyT colaboraran activamente con la educación científica en todos los niveles. La segunda implicaría una participación activa de los científicos en la vida institucional, creando la figura de “científico ministerial” que colabore en diversas carteras, así como una comisión asesora de políticas públicas. Y finalmente, buscaría el equilibrio adecuado entre la búsqueda de conocimiento (la llamada “ciencia básica”) y su potencial para lograr aplicaciones relevantes para la región.

5) ¿Qué impacto tuvo el Premio Kalinga en su vida profesional?

Luego de realizar durante mucho tiempo una intensa labor en popularización de la ciencia, con un formato y estilo particular en distintos medios, el reconocimiento internacional por un lado me llena de orgullo, a la vez que da una pauta de que el camino elegido es correcto, siempre teniendo en cuenta que, más allá de ser un galardón individual, representa un enfoque conjunto que hemos construido en el país a lo largo de todos estos años.