Evolución para veraneantes: todo lo que no entendiste bien de Darwin y las especies

La playa es un buen sitio para reflexionar sobre la evolución de la vida en la Tierra. Si abandona usted su posición privilegiada en la hamaca y se da un paseo, podrá observar el vuelo bajo de alguna gaviota y a los críos buscando cangrejos, lapas, anémonas y erizos de mar entre las rocas. El veraneo playero nos acerca a una enorme diversidad biológica sin mucho esfuerzo. Ante tanto bicho viscoso y primitivo, podría deducirse que la evolución es sin duda un proceso de mejora permanente por el cual aparecen cada vez formas de vida más complejas y perfeccionadas: desde las anémonas, pasando por los gusanos que usan los pescadores para pescar por las tardes, las lapas, los cangrejos, los erizos de mar, los peces, las gaviotas, etc. En algún momento todo este proceso desembocó en los mamíferos, que tiempo después darían lugar a los lectores en sus hamacas. ¿Acaso no demuestra nuestro desarrollo tecnológico la superioridad evolutiva de la especie humana? Pensar así no es culpa suya. Esta idea se sigue enseñando en los colegios e incluso en algunos museos de historia natural. Mi único propósito hoy es convencerle de que la evolución no funciona así. No es progresiva ni hay formas de vida superiores a otras.

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