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Durante una entrevista, un periodista le preguntó a Albert Einstein si podía explicarle la Ley de la Relatividad de una manera sencilla, para poder entenderla.Einstein le contestó:—¿Me puede explicar usted cómo se fríe un huevo?El periodista lo miró extrañado y contestó:—Sí, por supuesto.Y Einstein replicó:—Pues hágalo, pero imaginando que yo no sé lo que es un huevo, ni una sartén, ni el aceite, ni el fuego.

Asumiendo que esta anécdota —de las tantas adjudicadas a Einstein— es verdadera, y considerando que en realidad el periodista no logró lo que buscaba, lo cierto es que el diálogo demuestra que la ciencia y el humor son un dúo poderoso, y si es bien usado, puede resultar útil para que aquellos que no pertenecen al mundo científico puedan comprender algunos de sus fenómenos.Ya lo sabía incluso Galileo, un gran divulgador de la ciencia moderna, que con humor satírico escribió “Diálogo sobre los dos máximos sistemas del mundo: el ptolemaico y el copernicano” en 1632, para explicar y reflexionar sobre los movimientos de la Tierra, las mareas y otros temas. El valor divulgativo de esa obra no solo se basa en que Galileo la escribió en italiano —idioma accesible a todo quien supiera leer en la época, y no en latín, la lengua erudita de entonces—, sino que la estructuró a partir de las conversaciones de tres personajes: Salviati, inspirado en el propio Galileo y que defendía la teoría de Copérnico (la Tierra gira alrededor del Sol); Simplicio, que defendía la teoría de Ptolomeo (la Tierra es el centro del Universo) y que se dice que está inspirado en el entonces papa Urbano VIII, y Sagredo, que representaba al hombre común de su tiempo, que no sabía qué teoría creer. El esfuerzo de Galileo fue tan valioso como valiente, pues además se exponía a que sus postulados fueran considerados herejías.

Desde entonces, por suerte, la divulgación de la ciencia es menos arriesgada, pero algo no cambió: el uso del humor sigue siendo un recurso valioso para comunicarla. Hoy, una prueba de ello es “Big Van, científicos sobre ruedas”, el grupo español de monologuistas científicos que desde hace tres años se dedica a divulgar la ciencia para el público general de forma divertida. Formado por 20 investigadores de diferentes áreas, Big Van —nombre inspirado en la serie de TV pero mezclado con su espíritu itinerante— estuvo la última semana en Uruguay para participar en el I Foro Abierto de Ciencias de Latinoamérica y Caribe (Cilac), organizado por Unesco. En el marco de ese foro hicieron presentaciones, dictaron un taller para enseñar a científicos a comunicar, y fueron los anfitriones del Science Slam Festival que también organiza Unesco, en el que compitieron monologuistas locales. Como si fueran estrellas del mundo científico, el grupo congregó a muchos de sus colegas uruguayos con el mismo éxito que en su primera visita, en 2015, cuando se organizó el primer festival. De esa instancia nació el primer grupo uruguayo de monologuistas de la ciencia: Bardo Científico.

Y los Big Van saben lo que es esto de las competencias, pues ellos mismos se conocieron en el FameLab, un concurso internacional de monólogos sobre ciencia que se realizó en España por primera vez en 2013. Desde entonces, de aquel grupo pionero de 12 investigadores pronto pasaron a ser uno de los fenómenos de la divulgación científica actual, expandiéndose en número y también fuera de los escenarios. En la actualidad, además de sus monólogos y talleres, el trabajo de Big Van está presente en Internet (www.bigvanscience.com), Facebook, Twitter y YouTube y en varios libros editados tanto en forma grupal como individual. Las pilas de combustible microbianas, el famoso colisionador de hadrones, la fuerza de gravedad, los agujeros negros, el código binario, los números primos, las derivadas, la criptografía, la inmortalidad y hasta cómo medir el diámetro de la Tierra con un palo de selfie son algunos de los temas transformados en monólogos humorísticos.

De visita en Montevideo, cuatro de los 20 integrantes conversaron con galería. Eduardo Sáenz de Cabezón es matemático, profesor del área de Lenguajes y Sistemas Informáticos en la Universidad de La Rioja e investigador en álgebra computacional; Alberto Vivó es biotecnólogo, máster en Nanotecnología, investigador en Bioenergía; Oriol Marimon es químico, biólogo molecular y doctor en Biofísica, y Helena González Burón es doctora en Genética y Biología del Cáncer. Los cuatro, con poca seriedad, hablaron sobre el humor y la divulgación de la ciencia.

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