El ‘Manifiesto de los 93’: cuando la ciencia se doblegó a la política

By 28/03/2021 Portal

El 4 de octubre de 1914, en los inicios de la Primera Guerra Mundial, un grupo de noventa y tres intelectuales alemanes firmaron lo que ha pasado a la historia como el ‘Manifiesto de los 93’, un documento de tintes nacionalistas y militaristas.

En esta proclama representantes de la ciencia y del arte alemán protestaban enérgicamente ante el resto del mundo por lo que ellos consideraban que habían sido calumnias encaminadas a ensuciar la «justa y noble causa de Alemania».

De forma irrevocable los signatarios manifestaban su apoyo a las acciones alemanas y reprendían lo que los enemigos habían calificado como la «Violación de Bélgica», que no era otra cosa que la invasión teutona en suelo belga.

Entre los científicos se encontraban premios Nobel como Wilhekm Rögtgen, Adolf von Baeyer o Paul Ehrlich, arqueólogos, directores de museo, historiadores del arte, economistas, teólogos…

El manuscrito finalizaba de forma contundente: «¡Créannos! Sepan que llegaremos hasta el final de esta lucha como nación civilizada, como pueblo para el que el legado de Goethe, Beethoven y Kant es tan sagrado como su tierra y su hogar».

Reacciones internacionales
Las reacciones no se hicieron esperar, en especial desde la vecina Francia. No pasó un mes de la publicación cuando la Academia de las Ciencias publicaba un libelo en el que recordaba que las «civilizaciones latinas y anglosajonas son las que han producido durante tres siglos la mayor parte de los grandes descubrimientos».

La indignación francesa era manifiesta y en el impreso rechazaban la pretensión de ligar el futuro intelectual del viejo continente a la ciencia alemana y se posicionaban en contra de que la salud de los europeos se fundamentase en la victoria del militarismo alemán.

Gracias al liderazgo del profesor Gabriel Petit y del periodista de Le Fígaro Maurice Leudet se publicó una obra colectiva en la que veintiocho especialistas manifestaban de forma rotunda su oposición.

Como era de esperar, el documento teutón y la reacción francesa enturbiaron durante mucho tiempo las relaciones entre científicos de uno y otro bando.

No estaban todos los que eran
La verdad es que era bastante arriesgado oponerse públicamente, en suelo alemán, a la declaración «de los noventa y tres». No obstante, pocos días después de la publicación del manifiesto un catedrático de fisiología de la Universidad de Berlín, George Friedrich Nicolai (1874-1964), preparó una circular, a modo de respuesta, entre el profesorado universitario.

Nicolai tan sólo consiguió que otras tres personas se sumasen a su firma: el físico Albert Einstein, el astrónomo Wilhelm Julius Förster y el filósofo Otto Buek.

El documento se tituló «Manifiesto a los europeos» y fue distribuido a mediados del mes de octubre de 1914. Allí se recogía que no se puede argumentar, desde ninguna arista moral, la participación en una guerra y, en modo alguno, una invasión militar puede ser etiquetada de justa.

Represalias y arrepentimientos
La respuesta desde el gobierno alemán no se hizo esperar y el profesor Nicolai fue suspendido de toda actividad docente y trasladado apresuradamente a un hospital provincial cerca de la fortaleza prusiana de Graundenz -actualmente en Polonia-.

Una vez finalizada la guerra fue reincorporado por la República de Weimar a la Universidad de Berlín (1921). Sin embargo, las protestas de los estudiantes de derecha y el ascenso del nacionalsocialismo le obligaron a renunciar definitivamente y a exiliarse en Sudamérica.

En 1921 el rotativo ‘The New York Times’ publicaba un artículo en el que, tras ponerse en contacto con setenta y seis firmantes supervivientes, sesenta habían expresado de alguna forma su arrepentimiento e, incluso, alguno aseguraba no haber visto el documento en el que estampó su firma.

Pedro Gargantilla es médico internista del Hospital de El Escorial (Madrid) y autor de varios libros de divulgación.