Los científicos advierten: el mundo no está preparado para una súper erupción

By 10/09/2022 Portal

Supongamos por un momento que la humanidad consigue librarse de sus mayores amenazas actuales: el peligro de una nueva guerra mundial, la explosión de una gran central nuclear, el cambio climático… Supongamos incluso que ya contamos también con medios eficaces para desviar un asteroide y evitar catástrofes como la que exterminó a los dinosaurios hace 66 millones de años… Aún así, el mundo ya llegó a nuestras manos ‘equipado’ con una serie de grandes peligros, algunos de ellos apenas experimentados por nuestra especie. Tratar de evitar el impacto de un asteroide está muy bien, y de hecho apenas faltan unas semanas para que la misión Dart , de la NASA, compruebe por primera vez si es posible desviar en pleno vuelo la trayectoria de uno de ellos. Pero eso no es todo lo que podría pasarnos, y como señalan en la revista ‘Nature’ Michael Cassidy, vulcanólogo de la universidad de Birmingham, y Lara Mani, de la Universidad de Cambridge, no deberíamos permitir que la ansiedad por los asteroides distraiga nuestra atención de otro colosal peligro que acecha justo ante nuestras narices: los volcanes. «Durante el próximo siglo -escriben los investigadores en su comentario en ‘Nature’ -, las erupciones volcánicas a gran escala tienen cientos de veces más probabilidades de ocurrir que los impactos de asteroides y cometas juntos. Y aunque prepararse ante los asteroides es prudente, estamos haciendo muy poco sobre el evento mucho más probable de una ‘súper erupción’ volcánica «. Falta de recursos Cassidi y Mani subrayan que las agencias de todo el mundo están gastando cientos de millones en ‘defensa planetaria’, mejorando la detección de asteroides o haciendo experimentos, como la ya citada misión Dart, de la NASA, cuyo coste ronda los 330 millones. Pero no existe una inversión comparable para prepararse contra una súper erupción. «Y eso -escriben los científicos- tiene que cambiar». Los volcanes pueden ser menos exóticos que las bolas de fuego del espacio, eso es cierto, pero a diferencia de los asteroides, ya están aquí, en la Tierra, dispersos por todo el planeta y cargados con un tremendo potencial destructivo. Los humanos han sido testigos de muchas erupciones terribles a lo largo de su historia, pero la mayoría de esos eventos palidecen ante la potencia de los súper volcanes, que entran en erupción aproximadamente una vez cada 15.000 años. Se considera como ‘súper erupción’ una con una magnitud 8, la calificación más alta en el índice de Explosividad Volcánica (VEI), y la última de ellas tuvo lugar hace unos 22.000 años. Pero en tiempos mucho más recientes, en 1815, tuvo lugar en el monte Tambora , en Indonesia, una erupción de magnitud 7 que mató a más de 100.000 personas. El humo y las cenizas redujeron las temperaturas globales en un grado como promedio, lo que causó el llamado ‘año sin verano’ en 1816. En todo el mundo se perdieron numerosas cosechas, lo que provocó hambrunas, enfermedades y estallidos de violencia. No estamos preparados Por supuesto, la vigilancia de los volcanes ha mejorado mucho desde entonces, igual que nuestra capacidad para prestar ayuda humanitaria en cualquier parte del mundo en caso de desastre, pero esa mejora no es, ni con mucho, suficiente para compensar lo que un ‘súper volcán’ podría hacer. Los investigadores explican que la población humana se ha triplicado desde el siglo XIX, y algunas grandes áreas urbanas han florecido justo al lado de peligrosos súper volcanes, como es el caso, aquí en Europa, del área metropolitana de Nápoles, a pocos km de la súper caldera volcánica de Campi Flegrei. En un estudio de 2021 basado en datos de núcleos de hielo antiguos, los investigadores encontraron que los intervalos entre erupciones catastróficas son cientos o incluso miles de años más cortos de lo que se creía anteriormente, por lo que el peligro podría estar más cerca de lo que pensamos. Cassidi y Mani apuntan que se necesita mucha más investigación de la que se hace para conocer mejor a los ‘súper volcanes’ y evaluar cuáles son las zonas de mayor riesgo, especialmente en Asia, donde se concentra un mayor número de ellos. Y también hace falta más investigación para saber cómo exactamente un súper volcán, podría paralizar de golpe el progreso de la civilización afectando a la agricultura, la energía, las infraestructuras o las principales redes comerciales. Los investigadores señalan que los vulcanólogos han suspirado durante mucho tiempo por un satélite especializado en la observación de volcanes, algo que no ha llegado todavía. La concienciación y la educación de la sociedad son, también, claves para la supervivencia. Las personas necesitan saber si viven en zonas de peligro volcánico, cómo prepararse para una erupción y qué hacer cuando suceda. Alertas públicas Según los investigadores, además de prepararse, las autoridades también necesitan formas de transmitir alertas públicas cuando los volcanes entren en erupción, como mensajes de texto con detalles sobre evacuaciones, consejos para sobrevivir a una erupción o indicaciones para llegar a refugios e instalaciones de atención médica. La conclusión a la que llega el artículo es que no estamos en absoluto preparados para enfrentarnos a uno de estos eventos. Súper erupciones que, antes o después, es seguro que llegarán a producirse. Que se sepa, nadie, nunca, ha muerto como consecuencia de la caída de un meteorito, pero las víctimas de las erupciones se cuentan por cientos de miles. Y eso sin habernos enfrentado aún a ninguna súper erupción en tiempos modernos. MÁS INFORMACIÓN noticia No Crean un nuevo sistema para extraer hidrógeno del aire húmedo, incluso en el desierto noticia No Un sutil cambio en un único gen permitió a los humanos modernos generar más neuronas que los neandertales De hecho, la única vez que la humanidad experimentó lo que puede hacer un súper volcán estuvo a punto de extinguirse. Fue hace unos 74.000 años, con la explosión del Monte Toba , en Sumatra. Se ha calculado que apenas unos pocos cientos de humanos en todo el mundo lograron sobrevivir a sus consecuencias. Nunca nuestra especie estuvo más cerca de desaparecer.