La ‘mano dura’ en la educación puede provocar cerebros más pequeños en los niños

By 23/03/2021 Portal

Tener ‘mano dura’ con los niños es una estrategia educacional que posee tantos detractores como defensores, sin embargo, tanto los límites como los beneficios son largamente debatidos. Ahora un estudio publicado en la revista ‘Development and Psychology’ viene a sumarse a las voces que condenan este tipo de educación y afirma que enfadarse o gritar de forma repetida a los menores, sin tener que llegar a una violencia extrema o abuso, puede provocar que éstos tengan cerebros más pequeños en la adolescencia.

El equipo de Sabrina Suffren, de la Universidad de Montréal y del Centro de Investigación CHU Sainte Justine, en colaboración con investigadores de la Universidad de Stanford, han analizado cómo prácticas comunes e incluso socialmente aceptables en todo el mundo durante la formación de los más pequeños influyen directa y físicamente en su cuerpo durante la maduración.

«Las implicaciones van más allá de los cambios en el cerebro. Creo que lo importante es que los padres y la sociedad comprendan que el uso frecuente de prácticas parentales severas puede dañar el desarrollo de un niño», afirma Suffren, autora principal del estudio. «Y aquí estamos hablando tanto de su desarrollo social y emocional, como del desarrollo de su cerebro».

Abusos y cambios en el cerebro
Estudios anteriores habían relacionado el abuso infantil grave (como el abuso sexual, físico y emocional) o el abandono físico y psicológico de los padres con trastornos de ansiedad y depresión en la madurez. Además, otras investigaciones revelaron que los niños que habían sufrido maltrato severo poseen una corteza prefrontal y una amígdala más pequeñas, dos estructuras que juegan un papel clave, precisamente, en la regulación emocional y la aparición de ansiedad y depresión.

En este nuevo estudio los investigadores observaron que las mismas regiones del cerebro eran más pequeñas en los adolescentes que habían sido sometidos repetidamente a una educación muy estricta y dura en la infancia, si bien sin llegar al extremo del maltrato. «Estos hallazgos son significativos y nuevos porque es la primera vez que las prácticas educativas severas que no llegan a ser un abuso grave se han relacionado con una disminución del tamaño de la estructura cerebral, similar a lo que vemos en las víctimas de actos graves de abuso», afirma Suffren, que añade que en 2019 otro estudio confirmó que este tipo de crianza provoca cambios en la función cerebral de los niños. «Pero ahora sabemos que también afectan la estructura misma del cerebro de los menores».

Niños analizados desde su nacimiento
Una de las fortalezas de este estudio es que utilizó datos de niños que habían sido monitorizados desde su nacimiento a principios de la década de 2000 por la Unidad de Investigación sobre Desajuste Psicosocial Infantil de la Universidad de Montreal (GRIP) y el Instituto de Estadística de Quebec.

Como parte de este análisis, las prácticas de crianza y los niveles de ansiedad de los niños se evaluaron anualmente mientras los menores tenían entre 2 y 9 años. Estos datos se utilizaron luego para dividir a los niños en grupos según su exposición (baja o alta) a prácticas severas de educación. Después se les realizaron resonancias magnéticas anatómicas entre los 12 y los 16 años, donde se pudieron ver los cambios físicos en su cerebro.