
Un reciente estudio sobre el atractivo de los trabajadores encuentra que existe una gran ‘prima salarial por belleza’ para trabajos que requieren una interacción interpersonal significativa, si bien no para empleos que requieren principalmente trabajar con datos.
Bienvenidos a la brecha salarial por belleza. Una brecha, otra más, que pone en evidencia que las razones, sesgos y heurísticas que usamos para valorar a los demás laboralmente son interminables y que, posiblemente, eliminarlas supondría reducir la libertad ostensiblemente.
Jungla de sesgos
Esto pone en evidencia, una vez más, que los empleadores discriminan. Otra cosa es que consideremos que esa discriminación es positiva, negativa, inevitable o evitable, lo cual ya entra en el terreno político, casi filosófico, y también deontológico.

Lo que parece evidente es que discriminar es la única forma de escoger: frente a dos currículos idénticos, uno debe escoger algo que le incline hacia uno u otro empleado… lo que incluso puede derivar en discriminar por color de piel: por ejemplo, si abres un restaurante ambientado de gastronomía africana, tener camareros de piel negra puede ser preferible para el empleador si considera que aumentará sus beneficios.
Pasó la época en que frenólogos y fisonomistas inferían las características del ser humano a partir de las protuberancias del cráneo o los rasgos faciales. Sin embargo, ello no ha eliminado nuestra tendencia innata a juzgar a los demás por el tipo de cara que tienen. Por eso los villanos acostumbran a tener cara de malo. Por eso en los tribunales de justicia, los que tienen defectos faciales suelen ser condenados más fácilmente por jurados populares.
A pesar de que la personalidad de un individuo está repleta de matices y raramente conseguiremos descifrarla en unas pocas interacciones personales, tendemos a considerar la cara como una especie de piedra Rosetta que descodificará todo el universo interior de un desconocido.
Con todo, este es un tema complejo, proceloso, lleno de aristas afiladas como las espinas de una rosa como la que guardaba la Bestia, así que puedes zambullirte en sus hondas consecuencias multifactoriales en el siguiente vídeo:
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La noticia
La brecha salarial de la que nadie habla: el de la belleza
fue publicada originalmente en
Xataka Ciencia
por
Sergio Parra
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Se trata del décimo proyecto del gigante asiático que alcanza la fase de ensayos en humanos
Un nuevo estudio estima que orbitando a Júpiter habría unas 600 lunas (todas de más de un kilómetro)

Un equipo de astrónomos que ha estudiado detenidamente los datos de archivo de 2010 del Telescopio Canadá-Francia-Hawai, sostiene que Júpiter no solo tiene las 79 lunas que hasta ahora se han detectado, sino muchas más: al menos 600 lunas irregulares de más de un kilómetro de diámetro.
Ese telescopio tiene una poderosa cámara digital llamada MegaCam. Es un generador de imágenes de campo amplio de 340 megapíxeles que ve en el óptico y en el infrarrojo cercano. Los autores presentarán sus hallazgos en el Congreso Científico Europlanet 2020 virtual.
Lunas jovianas
Pero ¿cuál es la diferencia entre las lunas regulares y las regulares? Si lunas regulares se forman por acumulación de material en un disco (como los planetas) las irregulares son objetos capturados por la gravedad del planeta, que en Júpiter no es nada desdeñable.

Es decir, que a diferencia de las lunas más grandes de Júpiter, como Ío, Europa y Ganímedes, estas lunas irregulares no se formaron acumulando material en un disco.
Su captura puede haber sido debido al «arrastre de gas, la caída debido al crecimiento de masa repentino y las interacciones de tres cuerpos».

El equipo de astrónomos encontró 52 objetos en sus imágenes que identificaron como lunas irregulares, y luego estimaron la cifra de 600 por simple extrapolación. Los objetos tenían magnitudes hasta 25,7, y eso corresponde a objetos con diámetros de aproximadamente 800 metros. De esos 52, siete de los más brillantes eran lunas irregulares ya conocidas.
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La noticia
Un nuevo estudio estima que orbitando a Júpiter habría unas 600 lunas (todas de más de un kilómetro)
fue publicada originalmente en
Xataka Ciencia
por
Sergio Parra
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