Descubren una carta perdida de Einstein en la que predijo los ‘supersentidos’ de algunos animales

By 14/05/2021 Portal

M√°s de medio siglo antes de que la ciencia supiera que las aves pod√≠an ‘ver’ y guiarse a trav√©s del campo magn√©tico de la Tierra, Albert Einstein ya imaginaba que los animales ocultaban una especie de ‘supersentidos’ que a√ļn no hab√≠an sido descubiertos. As√≠ lo revela una carta desconocida hasta ahora que el genial f√≠sico envi√≥ en 1949 a Glyn Davys, ingeniero de radares, con el que comparti√≥ correspondencia que no fue descubierta hasta 2011, tras la muerte de Davys. Ahora, un estudio dirigido por la Universidad RMIT en Melbourne (Australia), analiza c√≥mo los recientes descubrimientos en aves migratorias respaldan el pensamiento de Einstein de hace 72 a√Īos. Las conclusiones se publicar en la revista ‘Journal of Comparative Physiology A’.

Judith Davys fue quien comparti√≥ con los investigadores la carta in√©dita que Einstein hab√≠a dirigido a su difunto esposo. En la nota escrita a m√°quina, Einstein hace referencia al trabajo de otro investigador, Karl von Frisch, et√≥logo austriaco que por aquella √©poca acababa de descubrir que las abejas utilizan la luz del Sol como una suerte de ‘comp√°s’ para orientarse, recordando los patrones de polarizaci√≥n presentados por el cielo en diversas horas del d√≠a y de la localizaci√≥n de se√Īales previamente encontradas. Von Frisch ganar√≠a el Premio Nobel de Fisiolog√≠a o Medicina en 1973.

Est√° documentado que Einstein asisti√≥ a una de las conferencias de von Frisch en la Universidad de Princeton seis meses antes de que se enviara la carta. Despu√©s de aquello, el f√≠sico debi√≥ quedar tan impresionado por los descubrimientos del et√≥logo que se citaron en su laboratorio. El propio von Frisch lo escribi√≥ en sus memorias: ¬ęDurante mi conferencia all√≠, la cabeza llamativa de Albert Einstein me cautiv√≥ entre la audiencia. (…) Einstein nos invit√≥ a visitarlo en su laboratorio, donde, al d√≠a siguiente, entablamos una amistosa disputa con este hombre c√≥mico. Hac√≠a m√°s de 40 a√Īos que mi t√≠o, el f√≠sico Franz Exner, hab√≠a tratado de transmitirnos alguna de las ideas del ingenioso y todav√≠a nuevo logro de Einstein¬Ľ. Sin embargo, sobre qu√© hab√≠a versado esa ¬ęamistosa disputa¬Ľ no hab√≠a salido a la luz. Hasta la carta de Davys.

Una corazonada acertada

Carta completa

Dyer y col., J Comp Physiol A, 2021
Aunque no se conservan las cartas que envi√≥ Davys, quien al parecer inici√≥ la correspondencia, a juzgar por la respuesta de Einstein, la pregunta del ingeniero ten√≠a algo que ver con la percepci√≥n animal y su enlace con el mundo de la f√≠sica. ¬ęEs concebible que la investigaci√≥n del comportamiento de las aves migratorias y las palomas mensajeras pueda alg√ļn d√≠a conducir a la comprensi√≥n de alg√ļn proceso f√≠sico que a√ļn no se conoce¬Ľ, escribi√≥ Einstein en su respuesta. M√°s de 70 a√Īos despu√©s sabemos que la corazonada del padre de la Teor√≠a de la Relatividad estaba en lo cierto: existen pruebas de que las aves pueden sentir el campo magn√©tico de la Tierra usando fotorreceptores especiales en sus ojos. Esto es lo que les permite migrar miles de kil√≥metros sin perderse.

Seg√ļn la correspondencia, si bien el ingeniero parece estar m√°s interesado en c√≥mo este nuevo conocimiento biol√≥gico puede aplicarse a tecnolog√≠as futuras, Einstein sostiene que es necesaria m√°s investigaci√≥n biol√≥gica. ¬ęNo veo la posibilidad de utilizar esos resultados en la investigaci√≥n sobre la base de la f√≠sica -respondi√≥ a Davys-. Este solo podr√≠a ser el caso si un nuevo tipo de percepci√≥n sensorial, respectivamente de sus est√≠mulos, se revelara a trav√©s del comportamiento de las abejas¬Ľ.

¬ęEs sorprendente que Einstein concibiera esta posibilidad, d√©cadas antes de que la evidencia emp√≠rica revelara que varios animales pueden percibir campos magn√©ticos y utilizar dicha informaci√≥n para la navegaci√≥n¬Ľ, escriben investigadores de la Universidad Hebrea de Jerusal√©n, donde la carta ha sido donada. A pesar de todo, Einstein s√≠ que ten√≠a algunas pistas para guiar su ‘intuici√≥n’. En el momento en que escribi√≥ la carta, la biolog√≠a y la f√≠sica estaban comenzando a fusionarse como nunca antes hab√≠a ocurrido: se acababa de descubrir la ecolocalizaci√≥n de los murci√©lagos y la tecnolog√≠a de radar -en la que previsamente Davys fue un gran estudioso- estaba comenzando a echar ra√≠ces.

Lo que hemos aprendido hasta ahora
Desde que se envi√≥ la carta, la ciencia ha avanzado mucho en el aprendizaje sobre el comportamiento de las abejas y c√≥mo estos insectos perciben el mundo. Y, tal y como predijo Einstein, ese conocimiento ya nos est√° ayudando a mejorar la tecnolog√≠a, como por ejemplo, en las c√°maras de nuestros m√≥viles. Sin embargo, a pesar de d√©cadas de investigaci√≥n, todav√≠a queda mucho misterio. Porque las aves no son las √ļnicas que tienen este ‘supersentido’: las tortugas marinas, los perros y las abejas tambi√©n muestran una asombrosa habilidad para sentir los campos magn√©ticos de nuestro planeta, aunque no necesariamente a trav√©s de los ojos. Los mecanismos exactos por los cuales los animales perciben la luz o el campo magn√©tico de la Tierra todav√≠a se est√°n estudiando y es muy posible que no sea el mismo para todas las especies.

Las abejas, por ejemplo, parecen sentir el campo magnético en su abdomen, mientras que las aves y los perros parecen hacerlo predominantemente a través de fotorreceptores especiales en sus ojos, llamados criptocromos. Incluso las células humanas producen criptocromos, y una investigación reciente revela que estas células responden dinámicamente a los cambios en el campo magnético.

Y todo esto no queda aqu√≠: para que un fotorreceptor, como los criptocromos, detecte un campo magn√©tico, se tendr√≠a que dar un entrelazamiento cu√°ntico de los electrones dentro de la c√©lula; es decir, que el fotorreceptor y el campo magn√©tico est√©n de alguna manera conectados de forma ‘cu√°ntica’, una propiedad sobre la que teoriz√≥ el propio Einstein, por el que dos objetos se encuentran en el mismo estado incluso separados por miles de kil√≥metros. Pocas veces una ep√≠stola tan breve dio tanto sobre lo que hablar. Y pensar.