Molakai, la isla de los leprosos

By 03/05/2021 Portal

Una de las escenas más recordadas de la película ‘Ben-Hur’ es aquella en la que el protagonista se desplaza hasta el Valle de los leprosos, en donde su madre y su hermana fueron confinadas tras contagiarse de lepra en la prisión en las que las encarceló el malvado Messala. Esta enfermedad infecciosa está causada por una bacteria llamada Mycobacterium leprae, un pariente cercano al bacilo que produce la tuberculosis.

En el año 2000, después de un intenso programa desarrollado por la Organización Mundial de la Salud, la lepra fue oficialmente eliminada a nivel mundial. Esto significa que hay menos de un caso de lepra por cada diez mil personas, en términos globales. Sin embargo, esta definición deja a día de hoy a cientos de miles de personas infectadas en todo el globo terráqueo.

Más del ochenta por ciento de los casos mundiales se concentran en tres países, la India, Brasil e Indonesia, desde donde se exige a las autoridades sanitarias internacionales medidas para intensificar el control de la enfermedad.

Un enorme y frondoso mortuorio
Entre 1866 y 1969 fueron trasladadas a la península de Kalaupapa, un hermoso paraje situado al norte de la isla hawaiana de Molokai, unas ocho mil personas enfermas de lepra. El lugar elegido no fue fortuito, la península está separada por verticales acantilados de más de seiscientos metros del resto de la isla, la cual se enorgullece por su aislamiento geográfico.

Es un lugar de vegetación frondosa, donde habitan los verdes, los ocres y los azules como si no hubiera un mañana. Allí, en humildes bungalows, fueron obligadas al exilio, a un enterramiento en vida, simplemente por el hecho de haber enfermado.

La mayoría de las historias de las personas que hasta allí llegaron fueron silenciadas para siempre, ya que tan sólo unas mil trescientas reposan en tumbas identificadas. El resto sufrieron los efectos devastadores de le negligencia, la vergüenza, la injusticia, la decadencia y, por qué no, también de un terrible maremoto. De alguna forma, aquellas personas murieron dos veces, una a consecuencia de la enfermedad y la segunda condenados a que nadie pudiera recordarlos.

De leprosería a parque nacional
La enfermedad de Hansen llegó al archipiélago con los primeros emigrantes que arribaron en sus playas. Al no existir una inmunidad específica la infección se propagó de forma alarmante en muy poco tiempo.

La naturaleza infecciosa y la falta de tratamiento en aquellos momentos propició que, en 1865, el rey Kamehameha V de Hawaii aprobase unas leyes que permitiesen el arresto y el traslado de las personas con lepra a lugares aislados para evitar la aparición de nuevos casos.

En el momento de mayor ocupación la colonia hawaiana llegó a albergar a más de mil doscientos enfermos, una comunidad que vivía de espaldas al mundo. Cuando en 1969 las leyes de aislamiento fueron suspendidas los residentes eran libres para marcharse, sin embargo, la mitad de los que todavía sobrevivían optaron por quedarse en la península, ya que la habían convertido artificialmente en su hogar.

Desde 1980 Kalaupapa se ha transformado en un parque nacional, en donde todavía quedan algunos pacientes que conviven con las secuelas provocadas por la enfermedad.

El mayor leprocromio estadounidenses
Kalaupapa no ha sido el único poblado para leprosos –leprocromio- en territorio estadounidense. Antes de que se descubriese un tratamiento efectivo los enfermos eran enviados a uno que existía en Carville (Louisiana), a ciento cuarenta kilómetros de Nueva Orleáns.

El hospital de Carville llegó a tener ingresados simultáneamente hasta medio millar de pacientes con lepra. Fue precisamente allí en donde a mediados del siglo pasado el doctor Cochrane descubrió las sulfonas, un tratamiento efectivo frente al bacilo de Hansen.

Pedro Gargantilla es médico internista del Hospital de El Escorial (Madrid) y autor de varios libros de divulgación