¿Debo toser al codo incluso llevando mascarilla?

By 25/08/2020 Portal

El uso de la mascarilla se ha vuelto un imprescindible en nuestras vidas: es obligatorio llevarla en espacios públicos, tanto al aire libre como en lugares cerrados, y se pueden encontrar de todas las formas, colores y tamaños, desde quirúrgicas profesionales a reutilizables de tela. Se han demostrado como una herramienta eficaz a la hora de combatir la propagación del nuevo coronavirus, causante de la Covid-19, a pesar de que aún haya quien discrepe en torno a su efectividad real. Sin embargo, la mayoría de las personas aún tienen dudas: ¿hasta dónde protege realmente? ¿Qué eficacia tiene que proteja mi boca al estornudar con ambas manos? ¿Ante un ataque de tos, y aún portando mascarilla, debo taparme con la mano o con el codo?

Para disipar estas dudas, Padmanabha Prasanna Simha, de la Organización de Investigación Espacial de la India, y Prasanna Simha Mohan Rao, del Instituto Sri Jayadeva de Ciencias e Investigación Cardiovasculares, llevaron a cabo un experimento para visualizar los campos de flujo de la tos en varios escenarios comunes, desde una tos que no es frenada por ningún tipo de recubrimiento hasta personas con mascarilla N95. Sus conclusiones acaban de ser publicadas en la revista «Physics of Fluids».

«El hecho de que alguien conscientemente pueda reducir el alcance de la contaminación mitigando su propagación en un ambiente determinado es muy útil para que no se infecten otras personas sanas que comparten espacios en áreas contaminadas», afirma Simha.

La ayuda del efecto schlieren
La densidad de los fluidos así como la temperatura están estrechamente relacionadas, y la tos tiende a ser más cálida en el área circundante al origen. Aprovechando esta conexión, Simha y Rao utilizaron una técnica llamada fotografía schlieren, un proceso óptico usado para captar la variación de densidad de un fluido —conocido como «efecto schlieren»—. Se utiliza para estudiar los flujos del aire en situaciones de velocidades supersónicas, en campos como la aeronáutica o la balística, para fotografiar el flujo de aire que rodea a un objeto en movimiento.

Así es como cinsiguieron capturar la imagen de las toses voluntarias de cinco sujetos que se prestaron a la prueba. Al rastrear el movimiento de una tos en imágenes sucesivas, el equipo estimó la velocidad y la propagación de las gotas expulsadas. Así, se tuvieron en cuenta nueve escenarios diferentes: sin mascarilla; con mascarilla quirúrgica desechable; con mascarilla N95; con una sola mano; con dos manos ahuecadas; con un pañuelo doblado; con la máscara quirúrgica y la mano; codo sin manga; codo con manga.

Efectividad de las mascarillas
Como cabía esperar, los investigadores encontraron que las máscaras N95 eran las más efectivas para reducir la propagación horizontal de la tos. Estas mascarillas reducen la velocidad inicial del chorro de forma notable y limitan su propagación entre 0,1 y 0,25 metros. Por el contrario, una tos descubierta puede viajar hasta 3 metros -5 según algunos estudios-. Sin embargo, usando una simple mascarilla desechable se reduce la distancia hasta los 0,5 metros.

Gracias a la fotografía schlieren se puede observar cómo se propagan las gotas de la tos: en la primera imagen, sin mascarilla, el flujo es alargado y ocupa casi toda la fotografía; en la segunfa se observa cómo el flujo queda más reducido, si bien también se escapa entre las fibras de la mascarilla y por la parte inferior de la misma; en la máscara N95 la expulsión de gotitas es mínima y hacia la propia persona que tose

Padmanabha Prasanna Simha, Organización de Investigación Espacial de la India
«Incluso si una mascarilla no es capaz de filtrar todas las partículas, con ella sí podemos evitar que las nubes de estas partículas viajen muy lejos. Es mejor que no llevar nada», afirma Simha. «En situaciones en las que no se dispone de mascarillas homologadas, cualquier máscara es mejor que ninguna para frenar la propagación de la infección».

Por otro lado, también se tuvo en cuenta la eficacia de taparse con una mano, ambas o con un pañuelo doblado. En el primero de los casos, el flujo se escapa en torno a la única mano que soporta la tos y por la parte superior de las vías respiratorias; en el caso de taparse la boca con ambas manos, el flujo se cuela entre los dedos y el hueco entre ambas extremidades, así como en la parte superior, lo que muestra que es aún menos eficaz que taparse las vías respiratorias con una sola mano; sin embargo, utilizar un pañuelo doblado bloquea muchas de las partículas mejor que las manos.

En la primera imagen a la izquierda, la tos bloqueada por una sola mano; en la segunda central, tos tapada por ambas manos ahuecadas; en la tercera, tos bloqueada por un pañuelo doblado

Padmanabha Prasanna Simha, Organización de Investigación Espacial de la India
Algunos datos inesperados
Sin embargo, aunque puedan parecer unos resultados obvios, el estudio halló algunas conclusiones sorprendentes. Por ejemplo, que el hecho de taparse la boca con una mano aunque se lleve mascarilla limita en mucho la propagación de las gotas, sobre todo en la dirección: el flujo se acorta horizontalmente, si bien la nube se hace mayor en la parte superior del rostro.

Por otro lado, aunque usar el codo para tapar la tos se suele considerar una buena alternativa en caso de no llevar mascarilla -tal y como se recomendó en un principio de la pandemia-, este gesto puede ser contraproducente. El equipo observó que este movimiento es eficaz solo si el brazo está cubierto por una manga, ya que la piel desnuda no sella correctamente la nariz de forma que se obstruya el flujo de aire. Es decir, la tos puede filtrarse a través de cualquier abertura y propagarse en muchas direcciones, tal y como demuestra la fotografía schlieren.

En la primera imagen, la fotografía de una tos tapada por una mascarilla y la mano; en la segunga, una tos bloqueada por un codo desnudo; en la tercera, el flujo de una tos tapado por un codo con manga de ropa

Padmanabha Prasanna Simha, Organización de Investigación Espacial de la India
Simha y Rao esperan que sus hallazgos acaben con los débiles argumentos de los «antimascarillas», pero enfatizan que estas herramientas no son útiles por sí solas y deben continuar usándose junto con el distanciamiento social. «El distanciamiento adecuado es algo que no se debe ignorar, ya que las mascarillas no son infalibles», recalca Simha.