Los misteriosos rayos globulares que acompa√Īaban a los aviones en la Segunda Guerra Mundial

By 21/11/2020 Portal

Las aventuras de Tintín están plagadas de fenómenos atmosféricos, desde las inundaciones periódicas propias del sureste asiático hasta las tormentas de arena, pasando por lluvias, vendavales, nevadas o arcoíris.

De todos ellos, el m√°s impresionante es, sin duda, el rayo globular ‚Äďtambi√©n llamado centella o rayo bola- y que aparece en la portada de ¬ęLas siete bolas de cristal¬Ľ.

Muy probablemente Herg√© era conocedor de la ilustraci√≥n ¬ęL`eclair en boule¬Ľ ‚Äďuna bola de rel√°mpago- que apareci√≥ en el libro de ciencia franc√©s ¬ęLa anture: revue des ciences et de leurs applications aux arts et a l`industrie¬Ľ.

Ni rayo ni bola
Los rayos son uno de los fenómenos naturales más maravillosos que podemos observar, son descargas de luz en forma de arco, con una duración de apenas unas milésimas de segundo y con un voltaje muy elevado, equivalente a cientos de millones de voltios.

El rayo globular es desconocido por una gran mayoría de la población, en parte por su excepcionalidad. Se estima que se produce uno por cada diez mil rayos ordinarios que se registran durante una tormenta.

Esta baja incidencia provoc√≥ que no fuese hasta el 21 de octubre de 1638 cuando se consigui√≥ la primera descripci√≥n s√≥lida de la historia. Fue en el condado ingl√©s de Devon, all√≠ un fen√≥meno conocido como ¬ęthe great storm¬Ľ destruy√≥ el techo de la iglesia de San Pancracio ante la estupefacta mirada de los fieles.

Tiempo después, el zar Nicolás II pudo ser testigo de excepción de uno de estos fenómenos durante un servicio religioso en una iglesia.

En Jap√≥n tambi√©n son conocidos y forman parte de la tradici√≥n oral, se les designa con el nombre de ¬ęhitodama¬Ľ y se asocian al alma de los muertos.

Hasta la Segunda Guerra Mundial las descripciones fueron anecd√≥ticas, fue durante la contienda cuando los pilotos, tanto aliados como los alemanes, dieron cuenta de la presencia de puntos luminosos que ¬ęacompa√Īaban¬Ľ a sus aviones de combate. Los describ√≠an generalmente de una coloraci√≥n rojiza o azulada.

A pesar de su nombre no son ni rayos ni bolas, a lo que m√°s se asemeja es a un ¬ęplatillo volante¬Ľ. Su tama√Īo suele oscilar entre los diez y cuarenta cent√≠metros, y suelen desplazarse por el suelo a una velocidad de escasos metros por segundo, acompa√Īados de un ruido que recuerda a la crepitaci√≥n del agua hirviendo o a un silbido.

El secreto est√° en el elemento n√ļmero 14
Los rayos globulares siguen un patrón aleatorio, con movimientos no claramente definidos, unas veces se mueve forma rápida y otras veces flota lentamente, hasta que terminan por detenerse con un estruendo, dejando un olor nauseabundo a azufre, óxido nítrico u ozono en el ambiente.

La corta duración y la generación aparentemente espontánea explican por qué durante mucho tiempo no hayamos tenido una teoría científica consistente que los pudiese explicar.

Afortunadamente la situaci√≥n cambi√≥ en el a√Īo 2007 cuando un equipo de cient√≠ficos fue capaz de generar rayos globulares en el interior de un laboratorio, a trav√©s de la oxidaci√≥n de nanopart√≠culas de silicio. En ese momento los cient√≠ficos se encontraban en condiciones de desarrollar una explicaci√≥n cient√≠fica.

Actualmente se acepta que cuando se forman este tipo de relámpagos algunos minerales del suelo son evaporados, generalmente aquellos que contienen silicio, y al contacto con el oxígeno del aire sus filamentos se inflaman, generando el fenómeno óptico. Así de sencillo…

M. Jara

Pedro Gargantilla es médico internista del Hospital de El Escorial (Madrid) y autor de varios libros de divulgación.