Relato de una epidemia en cuartos de hora

By 24/07/2020 Portal

El joven médico Federico Olóriz comenzó el 1 de enero de 1884 a apuntar obsesivamente todo lo que hacía cada día en Madrid, absolutamente todo, medido en cuartos de hora. Con una esmerada caligrafía inglesa, escribía en su diario: “En la Facultad, examinando el cerebro de una joven idiota. Ocho cuartos de hora. […] Cárcel: examen de dos pederastas. Doce cuartos de hora. […] Vuelvo por la noche y leo Tormento, última novela de Pérez Galdós. Ocho cuartos de hora”. El miércoles 2 de abril, Olóriz anota la muerte de uno de sus hijos, Ricardito. “Enfriándose poco a poco y con una agonía muy penosa, el pobre niño resiste hasta las ocho de la mañana, a cuya hora, o algunos minutos antes, muere estando yo presente”. Ese mismo día, tras enterrar a su hijo, apunta: “Trabajo total: 26 cuartos de hora”.

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