Una cueva en Sudáfrica, ¿el primer hogar de la humanidad?

By 27/04/2021 Portal

La cueva Wonderwerk, ubicada en el desierto de Kalahari en Sudáfrica, es uno de los pocos lugares en el mundo que han sido permanentemente ocupados desde hace millones de años. Identificada como el primer hogar conocido de la humanidad, nuestros antepasados encendieron allí algunas de sus primeras fogatas y fabricaron sus primeras herramientas de piedra. Su nombre significa «milagro» en afrikáans.

Hace más de una década, un equipo de geólogos y arqueólogos de la Universidad Hebrea de Jerusalén (HU) y la Universidad de Toronto estimaron que la cueva había sido ocupada hace alrededor de 2 millones de años, pero la idea fue rechazada. Ahora, los investigadores han conseguido datar con precisión el lugar, confirmando que, en efecto, los primeros homos ya hacían allí herramientas de piedra sencillas hace 1,8 millones de años, casi un millón de años antes de lo que se pesaba.

Las herramientas pertenecen a la cultura olduvayense, también llamada industria de modo 1, cuyos primeros ejemplos aparecieron en África Oriental hace 2,6 millones de años. Pero «Wonderwerk es única precisamente porque es una cueva y no un lugar al aire libre», explica Ron Shaar, del Instituto de Ciencias de la Tierra de HU y autor principal del trabajo.

El equipo pudo establecer con éxito el cambio de las sencillas herramientas de tipo 1 -principalmente sílex y cantos tallados destinados al corte que se abandonaban después del uso-, a las primeras hachas de mano achelenses (industria de modo 2), más sofisticadas, de hace más de 1 millón de años. Además, fechó el uso deliberado del fuego por nuestros antepasados hace un millón de años en una capa en lo profundo de la cueva. Esto último, dicen los autores, es particularmente significativo porque otros ejemplos de uso temprano del fuego provienen de sitios al aire libre donde no se puede excluir el posible papel de los incendios forestales. Además, Wonderwerk contenía una gama completa de restos de fuego: huesos quemados, sedimentos y herramientas, así como la presencia de cenizas.

La datación de los depósitos de cuevas es uno de los mayores desafíos de la paleoantropología. Para superarlo, el equipo analizó una capa sedimentaria de 2,5 metros de espesor que contenía herramientas de piedra, restos de animales y restos de fuego utilizando distintos métodos. Uno fue el paleomagnetismo. «Retiramos cuidadosamente cientos de pequeñas muestras de sedimentos de las paredes de la cueva y medimos su señal magnética», describió Shaar.

Campo magnético
La magnetización ocurrió cuando las partículas de arcilla, que ingresaron a la cueva desde el exterior, se asentaron en el piso de la cueva prehistórica, preservando así la dirección del campo magnético de la tierra en ese momento. «Nuestro análisis de laboratorio mostró que algunas de las muestras se magnetizaron hacia el sur en lugar del norte, que es la dirección del campo magnético actual. Dado que el momento exacto de estas inversiones magnéticas se reconoce globalmente, nos dio pistas sobre la antigüedad de toda la secuencia de capas de la cueva», agrega Shaar.

El profesor Ari Matmon, director del Instituto de Ciencias de la Tierra de HU, se basó en un método de datación secundario para confirmar aún más cuándo los primeros antepasados humanos pudieron haber ocupado el sitio. «Las partículas de cuarzo en la arena tienen un reloj geológico incorporado que comienza a hacer tictac cuando entran en una cueva. En nuestro laboratorio, podemos medir las concentraciones de isótopos específicos en esas partículas y deducir cuánto tiempo ha pasado desde que esos granos de arena. entraron en la Wonderwerk», explica.

Según los investigadores, que han publicado sus conclusiones en la revista ‘Quaternary Science Reviews’, la datación de la actividad humana prehistórica en Wonderwerk tiene implicaciones de gran alcance, ya que son «un paso importante hacia la comprensión del ritmo de la evolución humana a través del continente africano. Con una escala de tiempo firmemente establecida para la cueva de Wonderwerk, podemos continuar estudiando la conexión entre la evolución humana y el cambio climático, y la evolución de la forma de vida de nuestros primeros antepasados humanos».